Elecciones importantes... para Francia
Pasaron los tiempos en que Europa y Estados Unidos contenían el aliento hasta conocer quién era el consagrado por unas elecciones en Francia. J. F. Marguch.
Si uno se atiene a los discursos de Nicolas Sarkozy (conservador) y de François Hollande (socialista), los principales candidatos de las elecciones presidenciales en curso, la gradual pérdida de poder de Francia en el mundo se debe a la Unión Europea (UE). Para Hollande, gran parte de la culpa es responsabilidad de Sarkozy, quien siguió como un caniche a Angela Merkel, quien, a su vez, imponía recetas recesivas que no hicieron otra cosa que agravar la crisis financiera internacional, de inusitado costo social, con mayor intensidad en todo el espacio económico del llamado Viejo Mundo (ahora realmente lo es, porque está envejeciendo prematuramente, mientras el verdadero Viejo Mundo –el sudeste asiático y el Extremo Oriente– rejuvenece con un dinamismo asombroso). El infierno son los otros. Los franceses siempre han tenido la costumbre de atribuir al extranjero todos sus pesares. Ellos jamás se equivocan, siempre mantienen una arrogancia que les ha impedido ver la realidad tal como es. Hollande, que se proclama izquierdista y, como tal, progresista, llega a afirmar: "Quiero una Francia que no tenga que mirar al otro lado del Rin o del Atlántico, sino que sólo se contemple en su propia historia".El problema es que nunca dejaron de mirarse a sí mismos, pero jamás pudieron aceptar lo que realmente veían: cada vez más pelusa y polvo en el ombligo. Pasaron los tiempos en que Europa y Estados Unidos contenían el aliento hasta conocer quién era el consagrado por unas elecciones en Francia.En su mediocre discurso proselitista, donde Sarkozy se enfanga en el racismo y Hollande en el patrioterismo de cuño chauvinista, ninguno de los dos acepta que su patria es ahora una potencia de segundo orden, cada vez más lejos de la grandeur soñada por Charles De Gaulle. Y con Brasil listo para desplazarla del ranking de las potencias económicas mundiales. Burocracia carísima. Ni el conservador ni el socialista en pugna reconocen que el gasto público en Francia asciende al 56 por ciento del PIB (apenas un poco menos que una de las grandes potencias en gasto público: cierta ciudad de Córdoba, que al parecer no es la de España). Gasta en burocracia seis puntos más que Alemania, pero sigue enarbolando su Ecole Nationale d'Administration (ENA) como el nec plus ultra (el no va más) de la formación burocrática responsable y eficiente.Desde 1974, no tiene superávit fiscal, perdió las AAA de las temibles calificadoras de riesgo y su nivel de desempleo nunca desciende del 10 por ciento de su población económicamente activa.Jean Pisani-Ferry, director de Bruegel, un grupo internacional de expertos en economía y miembro del Consejo de Análisis Económico de François Fillon, primer ministro de Francia (el insano histrionismo de Sarkozy impide a veces recordar que Francia sigue teniendo primeros ministros), fue especialmente duro en estos días cuando afirmó: "Francia no tiene nada que proponer, porque no tiene nada que enseñar. No hay modelo económico francés. No hay un proyecto europeo desde Francia, más allá de pequeños momentos de gloria, de propuestas difusas de más gobernanza o de vigilar, además de las cuentas públicas, el desequilibrio exterior, la letra pequeña de los acuerdos".Sarkozy, que en 2009 había expulsado a 10 mil gitanos, redobla ahora su apuesta racista y ordena el desmantelamiento de 100 de los 150 campamentos gitanos que quedaban en el país, expulsando hacia Bulgaria y Rumania a los gitanos de esas procedencias.Amnistía Internacional, las Naciones Unidas y el Papa condenaron esa "solución final atraumática" adoptada por Sarkozy. Su ministro del Interior, Brice Hortefeux, ya había sido condenado por la Justicia francesa por lanzar "injurias racistas" contra a un joven de origen magrebí, militante de su propio partido, pero sigue en el cargo.El presidente y sus asesores de imagen creen que las iniquidades y el bochorno pagarán por siempre beneficios electorales... Terceros en cuestión. Quien se deja algo del chauvinismo tóxico de la clase política francesa es Hollande cuando se aproxima a la realidad y condena los ajustes impuestos por la tecnoburocracia de la UE. "Europa –dijo– lleva tres años de ajustes, con los únicos resultados de parálisis industrial, crecimiento del desempleo, caída del consumo y recesión". Pero nadie tema: no ha nacido el francés que renuncie a la ganga de 7.732 mil millones de euros que Francia recibe anualmente como subsidios directos de la Política Agraria Común (PC), mientras Alemania es bonificada con 5.275 millones, España con 4.978 millones e Italia con 4.023 millones.¿Y detrás de Sarkozy y Hollande, quiénes? En escala descendente son: Marine Le Pen, del fascista Frente Nacional, vierte vitriolo sobre Europa, el euro, el capitalismo, los Estados Unidos, los inmigrantes, los musulmanes, las élites...Aunque sea increíble, su mayor respaldo son los trabajadores. ¿Y qué, no fueron sus colegas ingleses quienes llevaron al poder a Margaret Thatcher? Jean-Luc Mélenchon, candidato del Partido Comunista, es contrario a la UE, al Banco Central Europeo, execra a Merkel y no le entusiasma la defensa de los inmigrantes. Y el conservador Francois Bayrou.Los tres poseen un caudal electoral interesante, que aumenta sideralmente su valor en las negociaciones luego de la primera vuelta celebrada ayer y de cara al balotaje. Esos votos pueden convertirse en factor decisivo de estas elecciones.

