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El valor de una Justicia independiente

Sin un Poder Judicial independiente, se pulveriza toda posibilidad de concebir la república. Carlos Nayi.

05 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Nayi (Abogado; escribano)
El valor de una Justicia independiente

Sin un Poder Judicial independiente, se pulveriza toda posibilidad de concebir la república. La confianza pública reclama un Poder Judicial eficaz, ante el cual poderosos y débiles, funcionarios y ex funcionarios, sean juzgados con las mismas herramientas procesales. Ese ámbito no admite la proclividad de beneficiar al gobierno de turno. Sólo de esta manera podremos conseguir alejar el estado de indefensión en que muchas veces se encuentra el justiciable, quien demanda una inmaculada imparcialidad, traducida en un trato igualitario a lo largo del proceso.El Poder Judicial, como poder del Estado frente al conflicto cotidiano, debe tener la capacidad para resolverlo desde la autonomía y la imparcialidad, dando a cada uno lo suyo. Limitante de otros poderes. En un Estado de derecho con vigencia plena del sistema republicano de gobierno, es el Poder Judicial el que limita a los otros dos poderes, garantizando así el sometimiento al imperio de la ley. La idea es imaginar la convivencia de los tres poderes en forma civilizada, pero limitándose en sus funciones, no entorpeciéndose entre sí. En la libertad, la Justicia encuentra su más preciado atributo, y sólo con una Justicia independiente podrá asegurarse en su plenitud la supremacía de la Constitución y el legítimo goce de los derechos. Aparece como una necesidad impostergable alimentar y retroalimentar el principio de división de poderes, conforme lo concibiera la teoría clásica de Montesquieu. Partimos de una premisa esencial, que es precisamente la existencia de una estructura procesal disciplinada, armoniosa y coherente, como fiel vigía de los derechos y garantías fundamentales del hombre. Todo juez, desde la serenidad y pura objetividad que requiere la soledad, desde donde adopta sus decisiones que inspiran su alta función, debe ser ajeno a todo tipo de presiones e inmune a cualquier tentación, a efectos de que el conflicto que necesita ser resuelto, sea finalmente dirimido conforme a derecho. En Córdoba. A Dios gracias, la Justicia de Córdoba ha dado permanentes muestras de tener muy en claro su rol. Sin embargo, falta mucho camino por recorrer a fin de alcanzar el objetivo deseado, que es ejercer la potestad jurisdiccional con absoluta e innegociable imparcialidad y autonomía. Debe entenderse que la Justicia tiene una responsabilidad importantísima al ejercer el control de constitucionalidad. Son sus integrantes, en el ejercicio de tan delicada función –ubicada entre los hombres y Dios–, los que deberán fortalecer el aparato judicial día a día, enalteciendo así el noble y áspero ejercicio de pedir justicia. La sociedad entera tiene derecho a disfrutar de la plenitud de esas facultades y cada uno de nosotros merecemos la prudencia, la serenidad, la cultura, la rectitud, pero, por sobre todas las cosas, la independencia en la acción por parte del magistrado actuante. Los criterios de los jueces, reflejados en sus diarias resoluciones, deben honrar la Constitución Nacional y las leyes que en consecuencia se dicten, garantizando su supremacía y jamás cediendo, premiando o siendo genuflexos con el gobierno de turno o un grupo económico determinado. Sólo así, y únicamente así, será justicia.