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El valor de los tiempos

Entre el desencanto de los más pesimistas que están cargados de frustraciones y la ingenuidad de muchos nuevos entusiastas, puede decirse que la política vive momentos de inocultable expectativa. Carlos Sacchetto.

06 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Sacchetto
El valor de los tiempos

Entre el desencanto de los más pesimistas que están cargados de frustraciones y la ingenuidad de muchos nuevos entusiastas, puede decirse que la política vive momentos de inocultable expectativa. El vacío provocado por la muerte de Néstor Kirchner ha sido el disparador de los más variados debates acerca de los beneficios y déficits del llamado "modelo" de la actual gestión y también el estilo o la manera con la que el oficialismo hace política. Pero hay algo que unifica a todos, y es el largo rosario de interrogantes que sólo el tiempo y los hechos podrán responder.Pasado el primer impacto emocional, la Presidenta les bajó a funcionarios y seguidores una consigna clara: es el momento de fortalecer la gobernabilidad, no mostrar debilidades y minimizar el conflicto interno del oficialismo. Según la interpretación de uno de los principales ministros del gabinete, eso se consigue incrementando la acción del Gobierno, defendiendo lo hecho y ampliando la base de sustentación política. "Hay que hacer mucho, trabajar, y dejar de alimentar intrigas palaciegas", lo tradujeron desde un despacho vecino. Contradicciones. Una de las tantas preguntas que en la Casa Rosada evitan responder es quién y cómo resolverá las crecientes contradicciones que laten amenazantes en el kirchnerismo. Esas contradicciones no se refieren únicamente a cuestiones ideológicas que dificultan la convivencia con visiones e intereses antagónicos, como los más radicalizados de la izquierda, por un lado, y la ortodoxia peronista o la "burocracia" sindical sedienta de poder, por el otro. Aunque no mucho tiempo, esa pelea de fondo puede esperar. Lo más apremiante ahora es la incertidumbre que genera la ausencia del hombre que administraba ese complejo sistema de acuerdos y alianzas en el que intercambia apoyos y favores que van desde un subsidio a una obra pública o a una candidatura. Nadie tiene pagarés firmados para reclamar. "Como la escalera ya no está, más de uno va a quedar colgado del pincel", comenta un viejo caminador de los pasillos ministeriales. Es fácil imaginar que la acumulación de indefiniciones de ese tipo va a generar tensiones adicionales a las ya instaladas en el oficialismo.El desconcierto no es patrimonio exclusivo del Gobierno y sus satélites. En la oposición tampoco pueden disimular las dificultades que origina el reacomodamiento de piezas luego del sacudón del tablero que significó la muerte de Kirchner. Replanteos. Es quizás en el peronismo disidente donde los replanteos adquieren mayor envergadura. La primera reunión para evaluar el nuevo escenario dejó más dudas que certezas sobre el futuro del sector. Tal vez todavía conmovidos por las escenas de dolor que exhibieron miles de jóvenes, algunos integrantes miran con otros ojos al kirchnerismo. Es el caso de Felipe Solá y de otros ex gobernadores y dirigentes, aunque no necesariamente plantean un salto hacia el oficialismo, sueñan sí con una eventual unificación peronista. Ese pensamiento unificador crea condiciones para la construcción de puentes. "Si de todo lo que le criticamos, el kirchnerismo se mostrara dispuesto a cambiar sólo el 30 por ciento, apoyaríamos la reelección de Cristina y es obvio que juntos ganaríamos con facilidad", confesó un conocido operador del Peronismo Federal. Pero en ese espacio no todos piensan igual. Los más duros creen que la Presidenta le dará continuidad al estilo confrontativo y responderá más a los sectores radicalizados que al ideario peronista. Entonces, ya piensan en otras alternativas. ¿Cuál, por ejemplo? Definirse como centroderecha y apoyar la candidatura de Mauricio Macri, a quien ven con posibilidades de ofrecerle al electorado nacional una opción válida. Aunque el jefe de Gobierno porteño es casi desconocido en el interior, consideran que en ese eventual escenario el radicalismo no tendría chances y que en una segunda vuelta la moderación triunfaría.Ambas líneas del peronismo disidente miran también con interés a un tercer protagonista. Creen que Daniel Scioli se convertirá en una especie de fiel de la balanza. Y razonan que si el actual gobernador bonaerense permanece junto al oficialismo, las chances de arrebatarle la presidencia a Cristina serán mínimas. En cambio, se ilusionan con que el Gobierno extreme su intolerancia y fortalezca aun más el vínculo con Hugo Moyano, lo que impulsaría a Scioli a abandonar las filas kirchneristas. En ese caso, lo ven como un candidato natural de ese espacio.El tiempo de las señales parece estar en marcha. Todavía falta que llegue el crucial tiempo de las definiciones.