El peronismo, en la encrucijada
El peronismo se enfrenta a la necesidad de una forzosa renovación.
En 1995, Steve Jobs explicó el motivo de su alejamiento de Apple, que se extendería desde 1985 hasta la casi bancarrota de la compañía en 1997: "John Sculley –CEO de la compañía en aquel momento– contrajo la enfermedad de pensar que una gran idea es el 90 por ciento del trabajo, pese a que hay una tremenda cantidad de tarea artesanal entre un buen proyecto y un producto exitoso". Tales palabras son relevantes para analizar la coyuntura del peronismo, ya que nuestro país está clausurando un ciclo ideológico de 12 años marcado a fuego por dos potentes ejes discursivos –inclusión y distribución del ingreso– que, así como llevaron al justicialismo a la victoria en tres presidenciales sucesivas, también lo debilitaron cuando se hizo visible la grieta entre ese andamiaje doctrinario y los indicadores sociales –pobreza, en especial– que el gobierno saliente hasta empezó a ocultar a partir de 2013.Las elecciones de 2015 representaron un gran punto de inflexión: el PRO no sólo ratificó su base territorial en la ciudad de Buenos Aires, sino que extendió el liderazgo de Mauricio Macri al bastión peronista de Provincia de Buenos Aires y a algunos distritos del área metropolitana con amplias franjas populares, como La Plata, Quilmes, Lanús, Morón, Tres de Febrero y hasta Berisso, cuna del 17 de octubre de 1945.Además de ese recambio de fuerzas políticas a nivel nacional, provincial y municipal, aquella elección también marcó el ascenso de un proyecto político sustentado sobre nuevos ejes, como integración al mundo, inversiones, modernización económica y meritocracia, que ahondaron esa vuelta de página electoral del año pasado.En ese marco, el peronismo se enfrenta a la necesidad de una forzosa renovación dirigencial e ideológica que no podrá evitar montándose a caballo del malestar que generan la inflación y los aumentos de tarifas, ya que, aunque estas políticas impacten sobre la popularidad de la gestión actual –el nivel de desaprobación creció en un semestre de 25 por ciento a 43 por ciento, según Poliarquía–, igual no minan la credibilidad general de un Gobierno sustentado por una corriente de expectativas positivas, constituida por la mitad más uno de los argentinos piensa que la situación mejorará de acá a un año.
De Jobs al peronismo
Si examinamos la experiencia internacional sobre alternancia política, hay que reconocer que las fuerzas partidarias logran sostener algunas de sus banderas políticas a través del tiempo –la iniciativa de reforma del sistema de salud entre las presidencias demócratas de Clinton y de Obama, por ejemplo–.
A pesar de ello, en paralelo encaran profundas revisiones tanto de ejecutores como de programas políticos, como ocurrió con la reforma financiera impulsada por Obama, a contramano de la desregulación que había promovido Bill Clinton 10 años antes.
Hay, en ese aspecto, un gran mensaje de Jobs para el peronismo: es natural que el fracaso de una línea de productos fuerce a la revisión de ideas, así como de los líderes que encarnan una determinada concepción, y no es posible sustituir ese examen de la propia línea de fabricación por la detección de fallas en la obra de la competencia.
Apple no resurge mágicamente a partir de 1997 por el regreso de Jobs y la crítica a los productos de sus rivales tecnológicos, sino por el desarrollo de tres nuevos dispositivos que hoy están vinculados a la vida de millones de usuarios en todo el mundo: la tienda musical, el reproductor de música portátil y la nueva computadora.
Al día de hoy, algunos gobernadores –casos Córdoba y Salta–, intendentes de grandes distritos bonaerenses –primera y tercera sección electoral–, así como referentes legislativos del peronismo de todo el país, del sur al norte, emiten señales crecientes de haber disparado esa dolorosa pero necesaria tarea de reconocimiento de fallas y generación de nuevas ideas, aunque en un contexto en el que la principal referencia nacional del peronismo –a pesar del desgaste originado por las recientes imputaciones de corrupción y por el escandaloso episodio de las valijas voladoras– continúa siendo Cristina Fernández.
Complejidad
Ello configura un escenario político complejo para el futuro de esta fuerza política. Es que una significativa franja electoral –alrededor de un 20 por ciento– abreva en ese liderazgo de neto corte opositor que en el peor de los casos está, aun con débiles chances de conducción a futuro, en condiciones de garantizar la división del peronismo así como de condicionar su proceso de renovación a corto plazo.
En este sentido, el marco actual de regeneración del peronismo es más parecido al posterior a la derrota de 1999 que al subsiguiente a la debacle de 1983.
Es que hay un liderazgo declinante en pie, como lo había con Carlos Menem en aquel momento, a diferencia del tiempo de vuelta de la democracia, cuando la única referencia fuerte vigente era la del propio fundador del movimiento, fallecido casi 10 años antes.
* Politólogo

