El paso épico a ser quien quieras ser
Una vez tuve un sueño en el que una mujer de cabellos colorados se me acercaba y me decía: “Podés ser quien vos quieras ser”, y desperté pensando en lo maravilloso de esa oportunidad. ¡Ser quien yo quisiera ser! Parecía casi una fantasía. ¿Cuántas veces tenés la opción de ser quien quieras o hacer lo que quieras? Como el Odiseo de Homero, decidí aventurarme para lograr el objetivo de ser y, como él, descubrí que debés pasar muchas “pruebas y castigos” para lograrlo.
Vivimos en una sociedad de etiquetas, de estructuras sumamente binarias, y quién sos no escapa de ese fenómeno. Sos hombre o sos mujer, sos de Talleres o de Belgrano, de River o de Boca, blanco o negro, etcétera. Toda la diversidad entre esos dos polos opuestos no interesa; no se habla o, peor aún, no existe para esa doctrina cultural.
El problema radica en que esta estructura de pensamiento binario y dicotómico es dominante y, por supuesto, desea mantenerse así, por lo que los mecanismos de prevalencia suelen volverse más y más violentos. Y cuando sos “algo”, una “cosa rara”, un decimal entre dos números visibles, peor. Te volvés algo digno de silenciar, una patología, un error y, en muchos casos, objeto de odio.
“¿Quién eres tú?”, preguntaba la oruga de Alicia, en el famoso libro de Lewis Carroll. Y entre humo y confusiones, algo que creemos saber desde siempre se vuelve difícil de contestar cuando lo pensamos de manera crítica y apagamos el automático.
En mi caso, como mujer trans, al igual que en el de muchxs de la población de la diversidad LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex, queers ), que somos aquellxs que no encajamos en el binario del ser y que decidimos tomar nuestra realidad y hacerla propia, esa pregunta es una de las primeras y más difíciles pruebas que debemos pasar.
Los dioses del patriarcado te llenan de humo y de confusión, de miedos con sus harpías y monstruos mitológicos, y sólo una balsa de un buen recorrido interno, la existencia de voces referentes y los discursos de personas que tienen el don de la claridad te ayudan a salir de esa prueba.
Por último, en el laberinto de esta odisea de ser en un mundo que no quiere libertades ni diversidades, me encontré desde hace sólo cinco años con un Estado que reconoció mi existencia, con la Ley de Identidad de Género.
Pensar que sólo cinco años pasaron para poder salir de día, para hablar sin miedo, para poder tener derecho a mi identidad sin que sea un crimen. Me genera mucha tristeza, pero también me da fuerza para ir por lo que falta; porque en esto de descubrirme y pensar en aquel sueño, vi mi reflejo en el escudo de Atenea y me vi con los cabellos colorados. Ahí entendí quién era esa mujer que me había hablado en sueños pidiéndome tan encarecidamente: “Sé quien quieras ser”.
* Coordinadora en Córdoba de Attta (Asociación Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina)

