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El país pesado que se maneja en las sombras

Hace falta saber quién disparó contra Mariano Ferreyra; por qué lo hizo; con la protección de quién, si la hubo, y por mandato de quién, si lo hubo. Alejandro Mareco.

24 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
El país pesado que se maneja en las sombras

A Mariano Ferreyra, la bala que lo mató le quedó encarnada en el pecho, justo ahí donde su sangre apasionada empujaba la fuerza de un espíritu que ardía en las calles, sediento de justicia social. Tenía 23 años, era un militante político y gremial que tomaba partido frente a la realidad no sólo con las ideas (considerar sobre ellas, no viene al caso ahora) sino en la acción. Y si estremece el asesinato de un pibe de 23 años que pagó el más caro de los precios por su compromiso, más estremece aun lo que asoma a la luz en este episodio: hay un país muy pesado, que se maneja en las sombras con códigos violentos, que desprecia al otro, que no defiende conceptos sino meros intereses y que en esa trama oscura de las profundidades encuentra brazos ejecutores. Esta inesperada dosis de sangre enrojeció la realidad argentina y puso las cosas sobre un escenario diferente. La puja de intereses y de posiciones políticas sobre el proyecto de país que se pretende, instalada con intensidad desde hace un par de años o más (se incluye aquí también el reciente planteo de la CGT de alcanzar, a través de una ley, la participación de los obreros en las ganancias de las empresas), quedó revuelta a partir del episodio de un virulento conflicto que tiene que ver con la interna laboral ferroviaria pero que, a través de la muerte, encuentra su caja de resonancia política. Preguntas y especulaciones. Preguntarse por las intenciones o no de alcanzar este resultado, especular sobre a quién le conviene políticamente el efecto del asesinato, contar las costillas de unos y de otros... nada de eso conducirá más que a empantanar aun más el camino. Hace falta saber quién disparó; por qué lo hizo; con la protección de quién, si la hubo, y por mandato de quién, si lo hubo. Hace falta saber cómo es posible que exista esta versión sindical del país pesado, cómo se sostiene, cómo se encubre, cómo se conecta con las barras bravas, quiénes protegen y quiénes usan a las barras como sus fuerzas de choque. No se puede soportar más impunidad, porque si no seguiremos atrapados en el juego sucio y la violencia que, al fin, perjudican siempre a las mayorías. Recordemos, y no al pasar, que ya se cumplieron cuatro años de la desaparición de Julio López: “¿A qué te podés acostumbrar?”, dice una gran pintada en el edificio de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. ¿El fracaso de la investigación en el caso López significa que hay pesados que pueden matar y asegurarse impunidad? ¿Con qué gente tenemos que convivir? Los fantasmas deben ser disipados por la luz de la verdad y nada más que la verdad.