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El llamado Estado Islámico siempre existió

El ahora llamado “Estado ­Islámico” siempre existió, ­sólo que debieron darse ­varias circunstancias ­geopolíticas para que saliera a la luz.

21 de diciembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Carlos Pereyra Mele / Politólogo y director de Dossier Geopolítico
El llamado Estado Islámico siempre existió

Es tiempo de desmitificar muchas tergiversaciones mediáticas para entender estos tiempos en los que el "terrorismo se nos presenta como un gran espectáculo macabro, pero espectáculo al fin". Occidente recién se conmovió por el drama de los refugiados sirios cuando un pequeño de tres años apareció muerto en una playa de Turquía, o comprendió la magnitud del Estado Islámico cuando un grupo de fundamentalistas mató a más de 100 personas en París. Pero la verdad es que estos episodios no revelan tanto el conflicto de Medio Oriente como las consecuencias de las luchas de poderes y potencias en una región estratégica.

Circunstancias históricas

El ahora llamado “Estado Islámico” (EI) siempre existió, sólo que debieron darse varias cir­cunstancias geopolíticas para que saliera a la luz. Estos terroristas tienen su base religiosa en el “wahabismo”, religión oficial de Arabia Saudita y que es sostenida por la Casa Real.

Estos grupos ya habían sido usados por los europeos en 1916, por Francia e Inglaterra, cuando “estimularon” a las tribus árabes en contra de Turquía en una guerra terrorista conducida por el espía inglés conocido como Lawrence de Arabia.

Luego, con la revolución ­anticolonialista, laica y anti­imperialista árabe de la década de 1950, estos grupos religiosos tuvieron nula influencia hasta la revolución religiosa del ayatolá Jomeini en Irán, que obligó a EE.UU. a establecer sólidos acuerdos políticos-militares y económicos con la Casa Saudí en reemplazo de su exaliado el

sha

de Irán.

Ahora vuelven a tener influencia en la región estos grupos fundamentalistas. Recordemos que Osama bin Laden era de la familia real, fue enviado a Afganistán a organizar a los terroristas talibanes contra la ex-Unión Soviética, con armas y asesores del servicio de inteligencia norteamericano (CIA) y financiamiento saudita. No hay movimiento terrorista que pueda sostenerse sin el apoyo de algún poder internacional o de un Estado.

Otro aspecto nunca explicado por los gobiernos es el apoyo logístico de estos “terroristas”. Un tema clave. Cada combatiente tiene detrás un sinnúmero de hombres de apoyo. ¿Cómo es posible que un grupo de terroristas desconocidos hasta hace dos o tres años puede disponer de armas modernas, inteligencia satelital y operacional, equipos sanitarios, santuarios, reemplazos, vehículos, tanques (y ahora dicen que están por disponer de fuerza aérea), etcétera, sin la intervención de alguna potencia o país poderoso? Bien lo puso de manifiesto la intervención de Rusia en Siria, con el incidente con Turquía, país por donde sale el petróleo del Estado Islámico.

El otro punto a analizar es 
a quién son funcionales estos terroristas. Por ello decimos que en este siglo 21 se dieron las condiciones geopolíticas para su “reaparición”. Porque ni Europa, ni Israel, ni las petromonarquías quieren un Medio Oriente influenciado por un Irán potenciado. Situación que se complica más con el acuerdo G5 + 1, que acordó el tema nuclear con Irán. Así, esa nación vuelve a quedar instalada como un poder regional determinante.

La hipocresía

Hoy podemos afirmar que el pueblo francés y Occidente pagan de manera brutal la irresponsabilidad, la hipocresía y 
el cinismo de gran parte de su ­dirigencia política. Hace más 
de cinco años, los gobiernos de Francia se embarcaron en la desestabilización de Siria para derrocar al gobierno y restaurar un proyecto colonial que en estos tiempos resulta patético. Con ese objetivo se asoció con la Turquía de Recep Erdogan y su proyecto del neootomanismo, con nostalgias imperiales, con la monarquía saudita medieval, oscurantista y sanguinaria y con el emirato de Qatar, cuyos petrodólares “alimentan” campañas políticas europeas.

Hace poco, la prestigiosa revista norteamericana

Foreing Policy

decía: “Riad es autor de la tragedia en París por exportar terrorismo desde 1970”. El diario

The New York Times

expresó: “Arabia Saudí es el ­

Daesh

blanco”. La candidata a presidenta de EE.UU., Hillary Clinton, expresó en agosto de 2014: “Nos equivocamos al financiar y armar a los rebeldes sirios”. Y el presidente de Francia, François Hollande, reco­noció que su país había entre­gado armas a los “rebeldes”. 
A confesión de partes, relevo 
de pruebas.

El enemigo

La seguridad y estabilidad del mundo está en juego y, para garantizarla, debemos ser muy precisos en estos temas de terrorismo internacional y no confundir a la opinión pública con eufemismos como hablar de rebeldes moderados. Más cuando vemos las consecuencias de los atentados ocurridos en Francia, que tienen en vilo a Europa y que aterrorizan al mundo (cometidos por agentes adoctrinados en las escuelas wahabitas sostenidas en Europa por Arabia Saudita).

Por ese motivo, debemos identificar muy bien al enemigo de la paz mundial, como lo acaba de explicitar el exjefe del Pentágono Chuck Hagel: es el Estado Islámico el enemigo de EE.UU., no Al-Asad. Más aún si se tiene en cuenta que un informe reciente indica que en las filas del Estado Islámico se encuentran 23 argentinos y tres brasileños. Lo cual nos pone en el ojo de la tormenta.