Temas del día:

El liberalismo argentino

En lo tocante al neoliberalismo en la “década ganada”, alguien de la oposición puede llegar a pensar que estuvimos 500 años atrasados.

11 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
El liberalismo argentino

Cuando al hombre se le ocurrió hervir agua de una manera distinta de la que se hacía por milenios, se sustituyeron en gran parte el músculo humano y la tracción animal por la máquina. Con dos revoluciones industriales, se institucionalizó desde lo social y jurídico el trabajo asalariado y comenzó la producción estandarizada en las fábricas con ayuda de la fuerza del vapor, lo que ocasionó una extensión en la jornada laboral.Surge así, en el siglo XVIII, el liberalismo, una doctrina política y económica que defiende la libertad de religión, de asociación y de comercio. Considera que el Estado, como representante de la mayoría de los ciudadanos, tiene el deber de asegurar el pleno ejercicio de dichas libertades y garantizar el libre juego de la oferta y la demanda. Antes, los nobles tenían el dinero en las arcas; bailaban en los salones y hacían bailar a los pobres sobre los surcos de la tierra.Al tratar estos temas, siempre estamos en una disyuntiva: dudamos sobre si nuestro país viaja con 50 años de adelanto o de atraso. En lo tocante al neoliberalismo en la "década ganada", alguien de la oposición puede llegar a pensar que estuvimos 500 años atrasados. Que retornamos al colonialismo. Que el colonizador llegó pensando: "Estos salvajes que no conocen a Dios si no reconocen nuestro credo están en contra de nosotros". En el gobierno aludido, se es K o no K.Pero, a lo mejor, en dicha década el Gobierno se adelantó unos 50 años con su liberalismo fractal. Los fractales, de la mano de la tecnología, se aplican desde la cardiología y la matemática hasta la sociología, meteorología, semántica, etcétera. Así, una profunda grieta divide fractalmente a una sociedad, un municipio, una familia; siempre en dos partes opuestas. El dividir para reinar es viejo, pero aquí llega hasta la cena en familia, donde uno de los comensales se retira, previo exabrupto, porque han puesto en la televisión determinado programa político.Otro caso: para el liberalismo, todo sistema económico debía estar basado en la oferta y la demanda, pero nunca se estableció que era obligación utilizar la más barata. El liberalismo argentino fue el primero en optar por lo más caro. Ejemplo: ya los romanos sabían que el transporte por el Mediterráneo era más económico que por las carreteras.La marina mercante de nacional o extranjera reunió históricamente a empresarios; y en el último decenio batió un récord: el transporte por ferrocarril o camión resultó más económico que el marítimo. En paralelo, optamos por el camión, el más caro de estos dos últimos, y desmantelamos el transporte de carga ferroviario. Quizá avizoramos que en el futuro el adelanto de la robótica nanotecnológica hará que el hombre sólo precise trabajar tres o cuatro horas semanales y que la excesiva ociosidad resulte insalubre. Entonces crearemos el gran ordenador argentino, que necesita 100 operadores para ponerse en marcha y realiza el trabajo de 10 empleados.Hablando en serio, lo grave es la explotación y la pobreza en que viven hoy obreros y empleados. Para la extrema derecha, el neoliberalismo es la menos imperfecta doctrina política, pues siempre habrá pobres, según el vaticinio de Thomas Malthus. Y para el partidario de la extrema izquierda, el neoliberalismo es el culpable de que el mundo tenga casi mil millones de pobres. Es que cuando el progreso material entra en una corporación, lo hace fagocitando la dignidad de muchos directivos que se van inmunizando resguardados por los cristales de sus rascacielos, desde donde no alcanzan a ver cuántas lágrimas hay en los ojos de los pobres.