El gran desafío
El mayor desafío que tiene hoy Néstor Kirchner recuerda al que tuvo Juan Perón en su momento.Horacio Serafini.
El mayor desafío que tiene hoy Néstor Kirchner recuerda al que tuvo Juan Perón como conductor en los momentos más álgidos de los enfrentamientos internos del peronismo: contener a sectores del oficialismo con intereses contrapuestos, que en esa dinámica buscan posicionarse hacia 2011. Ese desafío cobra máxima crudeza en la estratégica provincia de Buenos Aires.
Kirchner mismo hizo un sinceramiento feroz de la situación en su discurso de anoche: "No puede ser una lucha dirigencial lo que viene cuando de lo que se trata es de profundizar el modelo. No importa el posicionamiento personal de los dirigentes sino estar adentro".
El mensaje tuvo como destinatarios a dos sectores claves en la estrategia electoral kirchnerista, hoy en semiabierta pelea: los convocantes del acto, la CGT encabezada por Hugo Moyano en alianza con el Movimiento Evita de Emilio Pérsico, de un lado; y de otro, los intendentes del Gran Buenos Aires. Ni más ni menos, bandos de pesos pesados, al ataque los primeros, en retaguardia los segundos.
Desde su doble juego de "dos pasos para adelante y medio para atrás" -definición de un kirchnerista bonaerense- en los asuntos laborales (paritarias, impuesto a Ganancias), Moyano va por la jefatura del PJ bonaerense en tanto vice, frente a la salida de escena de Alberto Balestrini, y por la candidatura a gobernador. Eduardo Duhalde mete púa: ayer dijo que Kirchner no quiere a Moyano en el PJ porque "no es manejable". Son objetivos de máxima que, aun cuando no los logre, posicionarán a Moyano para morder una fuerte cuota de poder (candidatos a diputados) en 2011, camino a su confesada construcción de un proyecto presidencial.
De aliado tiene a Pérsico, el dirigente de la organización social con mayor control territorial bonaerense, a partir del manejo presupuestario de los planes asistenciales. Opera así como una cuña metida en las fortalezas de los intendentes granbonaerenses.
En medio de estas contradicciones, Kirchner está obligado a demostrar si tiene dotes de gran conductor. De que "todos jueguen adentro" dependerá la suerte de su continuidad.

