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El Gobierno frente a sus batallas decisivas

Los actuales funcionarios saben que todo tiene un tiempo y que las nuevas demandas que van surgiendo en la sociedad deben ser atendidas sin postergaciones irritantes.

06 de marzo de 2016 a las 12:01 a. m.
El Gobierno frente a  sus batallas decisivas

Las variadas reacciones que provocó el discurso de Mauricio Macri en la inauguración del año legislativo en el Congreso, más el enorme desafío que enfrenta el Gobierno nacional para conseguir que le aprueben los arreglos financieros con los que el país saldría del default , muestran que la política, funcionando con mecanismos de debate, negociación y acuerdo para conciliar intereses, va camino de ser recuperada en plenitud. Esta tumultuosa aunque saludable práctica no está exenta, sin embargo, de elevadas dosis de inexperiencia, hipocresía, infantilismo y hasta estupidez. El teatralizado enojo de los sectores más duros del kirchnerismo porque el Presidente usó la mitad de su mensaje para hablar de la herencia recibida sin destacar logros en 12 años de gestión le sirvió al peronismo más conciliador para elevar el precio de su acompañamiento. Casi que se vieron obligados a hacerlo, y así lo prueban algunos diálogos reservados que dos de sus principales referentes mantuvieron con el oficialismo.Tanto el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, como el titular de la bancada del Frente para la Victoria-PJ en el Senado, Miguel Pichetto, suscribieron junto con sus pares comunicados de disgusto por el discurso presidencial. Pero ambos se encargaron de comunicarle al Gobierno que eso nada cambiaría y que tuvieron que hacerlo para conservar cohesionado el frente interno. A partir de esas quejas públicas, los gobernadores peronistas presionaron para reclamar en forma inmediata el 15 por ciento de la coparticipación federal para todas las provincias, y los senadores chicanearon con que no aprobarían los proyectos más urgentes que necesita el oficialismo.Ese juego de encontrar cualquier excusa para sostener posiciones diferenciadas es el principal ingrediente que alimenta hoy el espectáculo político. En la intimidad se piensa de una forma, pero ante el público se actúa de otra. Eso también es la política. Los rebotes Apremiado por las urgencias y quizá porque estos tres meses de gobierno fueron también de aprendizaje, al macrismo le resulta complicado hasta ahora tener una buena comunicación. Parece que sus funcionarios dan por sobreentendido que todos saben de qué están hablando y que eso hace innecesarias las explicaciones. Les pasa con la oposición, con sus aliados y hasta con sus propios partidarios. "No comunicamos mal; lo que ocurre es que no nos escuchan", se defienden en la Casa Rosada, para reafirmar que los reclamos de mayores recursos financieros de las provincias tienen el límite objetivo de la falta de plata. "Queremos dar respuesta a los planteos de mayores ingresos en todas las áreas, pero por ahora no tenemos con qué", aseguran. Admiten, sí, que el disparador de tanta ansiedad generalizada es una inflación que no esperaban ver en estos niveles. Tres consultoras que midieron en la opinión pública la repercusión del discurso de Macri en el Congreso concluyeron en que la aceptación fue del 50 al 70 por ciento.El dato calmó un poco las expectativas que había despertado la crudeza presidencial al hablar del gobierno anterior. Pero los actuales funcionarios saben que todo tiene un tiempo y que las nuevas demandas que van surgiendo en la sociedad deben ser atendidas sin postergaciones irritantes.Las conversaciones que llevan a cabo los negociadores políticos del Gobierno con los distintos sectores y, en particular, con la oposición peronista parecen ir por buen camino. Pese a los ruidos previsibles de los contrastes ideológicos –y si no suceden hechos excepcionales–, todo indica que el Presidente obtendrá del Congreso las leyes que le permitirán el arreglo con los fondos buitre y otras iniciativas para avanzar con su gestión.Dicen en el oficialismo que, si esto ocurre, habrán logrado también aislar al kirchnerismo más intransigente del peronismo tradicional y reducirlo a un foco de resistencia política sin demasiado poder. Los castigos El otro factor determinante de la crisis del poder kirchnerista es, sin dudas, el accionar de la Justicia. El impulso que algunos jueces y fiscales están dando a causas en las que aparecen involucrados exfuncionarios –incluidas Cristina Fernández y su familia– no parece que pueda ser desviado por negociaciones políticas, como acostumbraba el gobierno anterior. El compromiso de la independencia judicial expuesto por Macri en el Congreso, y también la falta de audacia para transgredirlo, parecen no darle al kirchnerismo ninguna esperanza de arreglos en Tribunales, al menos por ahora.La nueva como inusitada explosión del caso originado en la muerte del fiscal Alberto Nisman es un claro aviso de que los tiempos por venir serán aún más difíciles para quienes integraron los niveles más elevados del gobierno de Cristina.La esperanza de que la permanencia de la procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, sería un enclave efectivo para detener la ofensiva judicial contra el kirchnerismo por causas de corrupción se estaría diluyendo día a día. Aseguran en Tribunales que está en preparación una muy fundamentada denuncia contra algunos recientes manejos irregulares hechos por la jefa de los fiscales.La historia política indica, sin embargo, que el macrismo y sus aliados no deberían celebrar por anticipado. Para que el desmoronamiento del poder kirchnerista termine siendo efectivo, no basta con exhibir sus culpas ni con la voluntad de condenar sus prácticas.En la Casa Rosada, reconocen que en paralelo deben dar cumplimiento a todos los enunciados y propuestas que llevaron a Macri a la presidencia, algo que, por lo visto hasta ahora, no carece de dificultades.La batalla principal será este marzo cargado de riesgos e incertidumbres que acechan a todos los argentinos.