El fútbol botonero
El reglamento se resume en una sola ley fundamental: el botón que está más cerca de la pelota puede patearla, luego sigue el que está más próximo.
Los chicos del Coro de Niños Cantores de Viena son sencillos. Durante sus giras, solían jugar a un fútbol de mesa. No precisamente el metegol, sino que empleaban monedas en lugar de jugadores y las impulsaban con peines que se rompían con frecuencia. Entre nosotros, los más humildes utilizaban chapitas de cerveza; pero en la mayoría de los hogares eran botones procedentes de la bolsa o del costurero de mamá. Ello daba una mayor sensación de realismo, pues había en el campo de juego (los mosaicos del piso) jugadores altos, petizos, flacos y gordos. En lugar de peine, se utilizaba un botón más grande.Más efectivo resulta el capuchón bien ajustado en el extremo de una birome. La pelota era un botoncito chico, aunque mejor resultaba una moneda de cinco centavos, porque no volaba tanto.El reglamento se resume en una sola ley fundamental: el botón que está más cerca de la pelota puede patearla; luego sigue el que está un poco menos cerca (como en el fútbol humano). Aclaración: el chico apoya el borde de la lapicera sobre el borde del botón (jugador) y lo envía contra la pelota (la moneda) en cualquier dirección, haciendo un pase, tirando al arco, etcétera. Si un botón pega contra otro, es infracción, y si lo golpea con violencia, corresponde tarjeta roja (expulsión).Digresión: en el servicio médico de la ex- Encotel, hará tres décadas, se designó a un psicoanalista al que personal y pacientes miraban como un bicho raro. Al privatizarse la empresa, parte de dicho servicio pasó a un centro de jubilados en La Rioja 269, en la capital provincial, donde había una psicóloga con la cual hablamos del fútbol botonero. "Atiendo chicos de 4 a 6 años –nos dijo– y eso me vendría bien para sacarlos un poco de la pantalla". Prometimos explicárselo.Fuimos a una botonería, pedimos una respetable variedad y comenzamos a probarlos. Con la uña del pulgar, presionábamos el borde del botón: si tenía mucha comba, pasaba por arriba de la pelota. Esto es muy importante: si ese borde no tiene comba, como la ficha de un casino, entonces presionando con fuerza puede arrojar la pelota (la monedita) hasta afuera de la botonería y se desvirtúa el juego: equivale a un shot tirado en la cancha de Instituto que llega hasta Epec.Elegimos los mejores y explicamos de qué se trataba. "Sí –nos observó la vendedora–, aquí viene un chico que hace como usted y me tiene loca eligiendo botones. ¡Pero es un niño de 9 años!" Volvimos a la psicóloga, cuyas sesiones eran interrumpidas a menudo por cierto ordenanza desaprensivo que, sin pedir permiso, entraba al consultorio a sacar algún útil y miraba al paciente con lástima. Nos hicieron pasar y comenzamos a exponer; y entró uno. Con toda intención, continuamos explicando: "Cuando se produce un córner, la pelota se tira desde esta esquinita. Como todos los jugadores se empujan y apretujan en el área chica y grande (zonas que ya estaban marcadas con tiza en la mesa frente al arco, hecho con maderitas y con una red tejida), entonces cada chico acomoda antes sus jugadores con la mano, como se ha venido haciendo después de cada interrupción del partido". Y proseguimos la clase: "Si hay un penal, todos afuera del área grande; quedan sólo el que patea y el arquero". El arquero es una caja de fósforos, pero vacía, pues así resulta más vulnerable en sus costados y casi invencible en el centro, como el arquero humano. El empleado que miraba de reojo sin perder detalles, por fin encontró su expediente y se retiró con una mirada que parecía decir: ¡Dejemos!

