Política nacional. El esquivo cambio cultural
El Gobierno parece pensar que la calidad de los candidatos interesa poco, porque detrás de ellos están los hermanos Milei, y eso es lo que verdaderamente le importa al votante.
Y de pronto, todo se enturbió. Nadie sabe de dónde salieron ni quién grabó y difundió esas conversaciones. El Gobierno denuncia una “operación política” y la atribuye al kirchnerismo.
Sesudos abogados se apresuraron a aclarar que esas escuchas telefónicas carecen de valor probatorio por tratarse del “fruto del árbol envenenado”; es decir, por haber sido obtenidas sin la autorización de un juez y sin la certificación de un escribano público.
Nada de eso importa demasiado, porque está claro que amplias franjas de los potenciales votantes dan por ciertos o al menos consideran altamente verosímiles los audios atribuidos al ahora exfuncionario Diego Spagnuolo.
Rápidamente, las redes sociales le estamparon un tatuaje en la frente a Karina Milei. Muy escueto, dice: “3%”. No le será fácil removerlo. La tinta de los memes es altamente indeleble.
Tras las escuchas, recobraron la voz los peronistas de Cristina Kirchner, que se sienten fuertemente autorizados a pontificar y señalar culpables de delitos reales o potenciales.
Los expertos oficialistas en las nuevas tecnologías comunicacionales quedaron enredados con su propio lazo y son motivo de burlas en las redes sociales.
La prensa, incluidos los periodistas más amigos del Gobierno, los que preguntan suavecito y lo defienden cotidianamente, tomaron distancia, espantados por la nueva realidad.
“Al final… son todos iguales”, se escucha decir a quienes habían depositado su esperanza en que nadie de este Gobierno sucumbiría a la humana tentación de quedarse con parte del dinero público que pasa ante sus ojos cada día.
¿Tendrá algún impacto electoral este episodio? Es imposible saberlo. Quizá haga que se sumen escépticos, de esos que optan por no concurrir a votar.
Es que se trata de la nave insignia, el leitmotiv del discurso presidencial: la lucha contra la llamada “casta política”, un elenco estable que habita todos los rincones del Estado, aprovecha la falta de controles y destina fondos públicos al sostenimiento de la militancia y al desarrollo de su propio patrimonio personal.
La furia, entonces, puede ser doble. Era impensable que las doncellas inmaculadas de origen celestial terminaran haciendo negocios con la avidez propia de los denostados predecesores.
Estamos hablando del capítulo uno del Libro Sagrado del mentado “cambio cultural”, del séptimo de los mandamientos revelados a Moisés en el monte Sinaí. ¡Qué dirán en el Cielo sobre la conducta de los personajes que han tenido la deferencia de enviarnos desde allá para que nos eduquen y gobiernen!
El rol de Karina
En el balotaje de 2023, los argentinos elegimos a Javier Milei. Pero también nos llegó Karina. Dos por uno. Un poder vicario; casi de contrabando, podría decirse.
El Presidente, muy ocupado en la economía y en sus viajes, sus conferencias y hakas, lo ha indicado con claridad. La llama “el Jefe”, denominación que no tiene una pizca de ironía ni exageración.
En ella ha delegado todo lo relativo a la política, que tanto le aburre y fastidia. Él prefiere seguir mirando la realidad por el pequeño agujero de cerradura que es la economía.
Es Karina –que cuenta con un solo voto– la que hace y deshace. Define alianzas; acepta y rechaza pactos; elige a los candidatos; suprime ministros; encumbra o manda al ostracismo a quien se le ponga delante.
Va camino a convertirse en la José López Rega de este Gobierno. Quizá convenga que el Presidente la convenza de postularse a algún cargo electivo. De ese modo, su inmenso poder real quedará legitimado por el voto popular, y las resistencias que pudiera ocasionar su figura se disiparían rápidamente.
Sin cambio cultural
La integración de listas de candidatos con los más capaces es otra bandera mileísta que pasó al olvido. El mérito perdió importancia. O bien fue redefinido.
Si no fuera así, no podría explicarse la incorporación de una fauna variopinta a las listas de candidatos.
Numerosos personajes insólitos, sin trayectoria política conocida y sin mayor idea de los problemas del país, se incorporarán al Congreso para dictar leyes.
En realidad, para levantar el brazo cada vez que le sea indicado desde el Ejecutivo. El Gobierno parece pensar que la calidad de los candidatos interesa poco, porque detrás de ellos están los hermanos Milei, y eso es lo que verdaderamente le importa al votante.
Tampoco en esto se busca cambiar mínimamente los criterios del peronismo. Y así en muchas cosas más: el desprecio por la calidad de las instituciones; el aborrecimiento de la libertad de prensa y de los periodistas que piensan distinto; el maltrato como modo de relación política.
El Gobierno piensa que todos los problemas quedarán solucionados en octubre. Cree que cosechará un torrente de votos y eso permitirá que vuelva a cundir la calma.
Nadie reclamará por el bajo precio del dólar, nadie se quejará por las tasas astronómicas, el riesgo país bajará, las acciones y los bonos subirán, y los nuevos diputados y senadores que obtendrá el oficialismo harán posible que el Gobierno pueda gobernar por decreto, ya que a la oposición le será imposible insistir en las leyes vetadas por el Ejecutivo.
Pero todo hace pensar que, cualquiera sea el resultado electoral, no habrá tregua. En tan solo 60 días, sabremos cómo sigue la historia.
Analista político

