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El día después…

Sería un error ceder a la tentación del odio social, la venganza o el rencor. Porque como sociedad hemos perdido mucho en este día aciago, pero hay quienes pueden perder mucho más. Y hay que ser lúcidos para no ser injustos.

05 de diciembre de 2013 a las 12:54 p. m.
Rafael Velasco, sj*
El día después…

Hay varios análisis posibles de esta tristísima situación que nos ha afectado a todos en Córdoba. El análisis político, el análisis social; las causas inmediatas y mediatas; las responsabilidades de los gobiernos y de los actores involucrados. Son análisis que hay que hacer. Sin embargo, me preocupa el día después. Esto va a dejar profundas heridas. Hay que ser muy miope para pensar que el aumento salarial para los policías es la solución del problema. Aquí se generaron heridas sociales que va a llevar tiempo cicatrizar.

Hay que aprender de esto…

Como sociedad, hemos perdido mucho en estos días. Hay mucho dolor y mucha bronca a flor de piel. Por eso mismo, debemos parar un poco la pelota y reflexionar. Hay que evitar hacer lecturas cortoplacistas y lineales. No debemos dejarnos guiar por el enojo y la decepción.

Si hay algo penoso en todo este conflicto, es que cada uno de los actores involucrados ha atendido a sus propios intereses, en claro desmedro de los intereses de los ciudadanos.

Los gobiernos –nacional y provincial– que debían cuidar de la ciudadanía hicieron todo lo posible por echarse culpas y eludir responsabilidades.

Mientras, la gente indefensa hacía lo que podía para sobreponerse a su miedo y a su angustia. Muy penoso.

Y los policías, que debían velar por la seguridad de todos, pensaron sólo en lo suyo y pusieron sus intereses sectoriales y sus legítimos reclamos por encima del bien público (¿no había alternativas a la paralización total de un servicio público fundamental?).

Está claro que pensando cómo salvar la cara, cada uno por su lado, no vamos a salir adelante y podemos llegar a repetir errores serios.

En este día tan triste, los únicos que ganaron son los delincuentes, y lo hicieron a costa de todos y por las omisiones y mezquindades de muchos.

Hay, también, conclusiones que sacar como sociedad, a nivel de respeto por los demás.

Hay que reflexionar acerca de la necesidad de cuidarnos unos a otros; reconsiderar el lugar que ocupan los reclamos sectoriales en función del bien común (no podemos seguir aceptando como normal que ocurran hechos de violencia y no pase nada); debemos reflexionar sobre la responsabilidad por lo de todos, sobre el valor de cumplir y hacer cumplir la ley y sobre la necesidad de no dejarnos llevar por nuestras broncas y prejuicios.

La noche vio pasear nuestros propios demonios asolando nuestras calles. Sería un error, el día después, ceder a la tentación del odio social, la venganza o el rencor. Nada bueno surge de eso. Porque como sociedad hemos perdido mucho en este día aciago, pero hay quienes pueden perder mucho más en adelante. Y hay que ser lúcidos para no ser injustos.

Debemos exigir, sí, a quienes deben cuidar de todos que lo hagan, y como ciudadanos, empezar a cuidar mejor unos de otros. Empezando por cuidar de los más débiles de la sociedad.

El día después es también el día en el que se hacen balances para aprender. El primer aprendizaje sería convencernos todos de que debemos poner el bien común por delante de los intereses sectoriales.

Pero hay más que aprender. Si actores sociales y ciudadanos no aprendemos de esta triste jornada, habremos sufrido en vano.

*Rector de la Universidad Católica de Córdoba