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El costo de canjear banderas por votos

Nada hoy es ­definitivo, porque falta mucho hasta las legislativas. Pero algo está pasando en el electorado, que no puede explicarse sólo por la economía de las familias.

01 de septiembre de 2013 a las 01:14 p. m.
El costo de canjear banderas por votos

Tal vez nunca la presidenta Cristina Fernández pensó –ni nadie se lo dijo– que el camino hasta el 27 de octubre iba a estar tan plagado de dificultades. En 
el Gobierno, siempre se creyó que las elecciones legislativas serían un trámite y que, reservando una buena cantidad de anuncios e invirtiendo con criterio electoralista partidas de dinero del Estado, podría compensarse el malhumor social que expresaron las marchas y los cacerolazos en los principales distritos del país.

La primera sorpresa fue el resultado electoral del 11 de agosto en las primarias, donde el oficialismo sufrió una derro­ta que no esperaba, al sumar en todo el país un magro 26 por ciento de los votos. El estupor que causó ese número en la cima del poder, primero se manifestó con una reacción de soberbia que fue negar lo sucedido, y luego con el convencimiento de que en octubre podrá revertirse con plata porque “la gente vota con el bolsillo”.

A la segunda sorpresa, la está viviendo el Gobierno por estas horas, cuando se leen las encuestas propias y ajenas. El anuncio sobre la eliminación del Impuesto a las Ganancias para los sueldos de hasta 15 mil pesos, resuelto en ese contexto de especulación electoral, no impactaría más allá de unos pocos puntos en el total de votos.

Otras razones

En la decisiva provincia de Buenos Aires, donde se concentra no sólo el 40 por ciento del padrón sino también la mayor cantidad de población obrera del país, la intención de voto para Sergio Massa se ha incrementado y la diferencia con el candidato oficial se alarga entre 12 y 14 puntos.

Está claro que nada hoy es definitivo, porque falta mucho por recorrer hasta las legislativas. Pero algo está pasando en el electorado, que no puede explicarse sólo por la realidad económica de las familias.

Esa lectura llevó a parte del Gobierno, con la aceptación a regañadientes de Cristina, a bajarse de las posiciones irreductibles y permitir que funcionarios y candidatos concurrieran a los programas periodísticos del canal TN, perteneciente al Grupo Clarín. Allí estuvieron hace horas el mismísimo titular de 
la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), Ricardo Echegaray, y el candidato bonaerense Martín Insaurralde.

Muchos recordaron que en 2009, cuando perdió la elección bonaerense con Francisco de Narváez, el propio Néstor Kirchner dijo que “los medios” influyeron el voto entre tres y cuatro puntos porcentuales.

¿Los kirchneristas fueron ahora a buscar votos a TN? No lo dirán nunca, porque el retroceso en algunos casos roza la indignidad. Pero para que no parezca demasiado, la Presidenta mantiene el tono bélico y dice que contra ella “hay balas de tinta”.

Justamente ese espíritu de lobo confrontativo que caracteriza al Gobierno, que a veces cubre sin éxito con piel de cordero, es uno de los factores que con 10 años de kirchnerismo le da un contenido diferente al voto.

Es cierto que el bolsillo 
fue y seguirá siendo un ter­mómetro político extraordi­nario. Pero esta vez no es sólo eso. Hay una saturación de excesos e impunidad, en las palabras y en los hechos, que fueron colmando las paciencias hasta de los más serenos o indiferentes.

Revertir ese clima adverso que han expresado tres de cada cuatro personas en las primarias, más que de audacia y de di­nero, requiere de una humildad que cuesta encontrar en lo más alto del poder.

Entre espinas

El apoyo de gran parte de la opo­sición a la reapertura del canje de deuda for­zado por los “fondos buitres” ante los tribunales de Nueva York es una buena señal de que se comprende lo que está en juego. No son precisamente consignas ideológicas, como muchas veces lo ha presentado el Gobierno. De un buen respaldo político que incluya a otras fuerzas, dependerá el grado de independencia con que podrá manejarse el país en este tema.

El frustrado desalojo de la empresa LAN del Aeroparque metropolitano para beneficiar a Aerolíneas Argentinas, sumado a los dichos del camporista Mariano Recalde, en­furecieron a la Presidenta. Cuentan en oficinas de la Casa Rosada que Cristina se deja oír enojada con varios de los jóvenes a los que ella misma les dio mucho poder. El pro­blema no es sólo que esos muchachos están en lugares importantes de la administración, sino que por estar ahí se han ganado muchos enemigos internos.

Esa lucha entre La Cámpora y los peronistas que en su momento adhirieron a la propuesta de Néstor Kirchner parece haber dejado de ser una “tormenta de ideas” para enriquecer el modelo. Se está convirtiendo en un cargamento de “palos en la rueda”.