El carro y los caballos
En el medio del debate de alianzas y candidaturas, hay urgencias en la sociedad que merecen algún anticipo de respuesta, como para generar un debate previo que resulte útil y no deje todo librado, como siempre, a la improvisación. La seguridad es primordial.
El carro sigue delante de los caballos. La mayoría de los dirigentes anda por allí viendo qué alianza le conviene, quién puede ser el mejor socio, qué lugares puede reclamar o manotear, cómo mostrarlo y varios etcéteras más.
Pero no hay, al menos a la luz pública, ni el más mínimo atisbo de lo importante: cuáles son las principales ideas de gobierno que los acercan, al margen de la simple aspiración de llegar al poder.
Si se les pregunta, tienen una respuesta a boca de jarro: es temprano; ya llegará la hora del documento liminar que las plasmará. Pero ya sabemos lo que ocurre. Primero estarán las candidaturas; lo demás es dialéctico.Sin embargo, hay urgencias en la sociedad que merecen algún anticipo de respuesta, como para generar un verdadero debate previo que resulte útil y no deje, como siempre, todo librado a la improvisación.En definitiva, la búsqueda de políticas de Estado, aquellas que determinan qué seguirá, aun con la impronta de los que vengan. Pacto roto Veamos, por caso, lo que ocurre con la seguridad en Córdoba. "Reconozco el error político de haber dejado la seguridad en manos de la Policía", admitió el mismo gobernador José Manuel de la Sota ante los legisladores opositores, después de los autoacuartelamientos de diciembre del año pasado.Lo que pasó en la Policía antes y después de aquellas jornadas negras, en las que el poder político sucumbió ante el planteo uniformado y la gente quedó abandonada a su suerte, fue un cimbronazo tras otro: un narcoescándalo y un jefe desplazado por espionaje.Más recientemente, varios miembros denunciados por gatillo fácil y un jefe máximo, Julio César Suárez, que va por los mensajeros, aunque luego deba arrepentirse, antes de tomar nota del mensaje. Por desgracia, y más allá de los operativos en distintos puntos de la ciudad de Córdoba, la delincuencia sigue actuando bajo distintas formas. Y el pacto de confianza entre la autoridad armada y los ciudadanos, que se rompió, todavía no logra cerrarse. Aunque parezca agradar a mucha gente, la declamación o el ejercicio de la mano dura no resuelven el problema: antes bien, abren las puertas a desbordes que pueden ser peligrosos para grupos sociales a los que el poder policial apunta, pese a que Suárez dice que no hay gatillo fácil, sino "excesos"."Las políticas de mano dura no han reducido el delito: han aumentado la violencia y, en algunos casos, hasta han amenazado la gobernabilidad democrática", sostiene el Acuerdo para la Seguridad Democrática, una alianza multisectorial destinada a ofrecer políticas frente al problema.Y añade: la delegación de la seguridad en las policías, el incremento de las penas, el debilitamiento de las garantías y las políticas centradas en el encarcelamiento masivo basado en la prisión preventiva son los ejes recurrentes de estas políticas de mano dura. Juventud, divino tesoro Por ejemplo, es cierto que todos los sectores deben confluir con el Estado para lograr que la juventud no sea carne de cañón de la violencia propia y desde afuera. Pero no fue feliz, sino más bien estigmatizante, una de las frases a las que apeló De la Sota en el coloquio de la Unión Industrial de Córdoba, cuando planteó la necesidad de declarar la emergencia juvenil en el país."Que aquellos que no lo vean desde el punto de vista social al menos nos apoyen por su propia seguridad, para que un chico que les abre la puerta de un taxi cuando salen de un restaurante no les meta una puñalada para sacarles la billetera y comprar paco", dijo entonces.Ninguna diferencia de fondo con el planteo del secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni: hay extranjeros que vienen a delinquir.Puesto en un contexto más general, hay cuatro factores clave que deben combinarse: el accionar policial, con la Justicia actuando en consonancia y con un sistema carcelario que no devuelva a las calles delincuentes peores, todo bajo el estricto cumplimiento de la ley. "Locamente ideológicos" Porque aunque a la sociedad le hagan creer que se necesitan más y más leyes, estas son las que sobran; su aplicación es la que falla. Rudolf Giuliani, quien cuando era alcalde de Nueva York combatió con éxito el delito en esa ciudad e instaló la idea de "tolerancia cero", lo explicaba así: "La gente se pone tan locamente ideológica que no piensa con claridad. Incluso la gente que es muy liberal (en el sentido que aquí llamamos "progresista"), si lo piensa seriamente, llega a la conclusión de que la seguridad es lo primero. No tendrían la posibilidad de ser liberales si no estuvieran vivos. Con un asesino, no se puede ser ni liberal ni progresista".En medio de la crisis que atraviesa el país y que pega con fuerza en el cordón industrial de Córdoba, conviene traer de vuelta un concepto del Laboratorio de Políticas Públicas que reflejamos en mayo pasado: "La persistencia de la inequidad, el empleo precario y las barreras para la movilidad social han dado lugar al 'delito aspiracional', cometido por individuos dispuestos a desafiar y romper las reglas en función de una posibilidad de ascenso social".En ese país poco federal, la responsabilidad de la crisis económica se atribuye, siempre, al Gobierno nacional, pero la seguridad cae, por acción u omisión, en manos de los estados locales.A quejarse a los gobernadores, fue la respuesta del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, cuando el viernes le hicieron ver que había marchas de protesta en la ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires y Rosario.Como siempre, nada de lo que pueda alterar el relato es asumido por el kirchnerismo.Frente a este contexto, salvo las expresiones del jefe de Policía cordobés, Suárez, poco y nada se conoce de lo que piensan el ministro de Gobierno y Seguridad, Walter Eduardo Saieg, y el secretario de Seguridad, Matías Pueyrredón.Tampoco se sabe con certeza si los partidos opositores, que aspiran a suceder al delasotismo al frente de la Provincia, están preparando funcionarios para que, en caso de ganar las elecciones, no sumen improvisación a un problema grave, central e indelegable.De lo contrario, la seguridad quedará en un clamor social que no medirá las consecuencias de la improvisación. Una vez más, el carro se pondrá delante de los caballos.

