El alma del fútbol
El fútbol devela verdades del entramado social y psicológico del hombre. Alfredo Lemon.
"El balón es redondo, el campo cuadrado, igual a la imagen del cielo y de la tierra". LiYu
Durante más de un mes, el hombre común de distintas latitudes vibrará casi en una misma frecuencia: el gol. Vivirá fútbol, sudará fútbol, sufrirá fútbol.
Una pasión difícil de explicar desde la erudición, pero que permite pensarse con la prevención de Pierre Bourdieu: una cosa es reflexionar desde afuera y otra es hacerlo desde adentro. Se puede filosofar sobre este fenómeno global, colectivo, como espectáculo, como apoteosis, como lenguaje, más allá del negocio o su utilización política.
Su relación con los intelectuales siempre ha sido compleja: odios, indiferencias, respeto, admiración. Lúcidamente irónico, Jorge Luis Borges preguntaba qué es el fútbol y respondía que era preferible dar a los 22 hombres una pelota a cada uno a que todos corran detrás de una sola. Los existencialistas Albert Camus y Martin Heidegger fueron amantes paradigmáticos de esa práctica. El primero, arquero en la Universidad de Argel, refirió que lo que más sabía acerca de moral se lo debía al fútbol. El segundo confesó su excitación por la delicadeza de Franz Beckenbauer al tratar el balón.
Entrevistando a Umberto Eco en Buenos Aires, le escuché decir que las imágenes televisivas del campeonato nos convierten en seres pasivos, mirones de lo que los otros hacen. La paradoja fue que él mismo hizo lo imposible para desligarse de compromisos y ver el partido que disputaban Italia y Noruega.
Diamante de cuero. Sociológicamente, Juan José Sebreli escribe en La era del fútbol : "A través del fútbol, desde el poderoso dirigente hasta el hincha anónimo, pasando por el ídolo, puede analizarse el estado actual de la sociedad y comprobar desde ese núcleo, las tendencias latentes o manipulaciones de una sociedad. Resulta que el fútbol no es solamente fútbol. Como lo fue el Olimpo en Grecia, el Circo en Roma o el Hipódromo en Bizancio, el estadio es un espejo de la comunidad".
Observemos que el fascismo, adhesión fanáticamente amorosa de las masas, implica su movilización permanente y la identificación exacerbada del propio grupo y la hostilidad hacia los que no pertenecen, rasgos de la personalidad autoritaria que comparten por igual la ideología y el deporte. Además, hasta podría conjeturarse que el fútbol no es sólo diversión, sino algo serio que ha venido a reemplazar el vacío existencial que dejaron las religiones y los sistemas políticos, incluido el socialismo.
Cuando transcurre el Mundial, todo adquiere una atmósfera particular, calles vacías, pantallas gigantes, lugares que dejan de trasmitir educación, empleados descuidando sus trabajos y, principalmente, la imposibilidad de permanecer ajeno a ese fenómeno.
Juego, luego existo. Sin desconocer esas opciones, tengo más sintonía con el planteo poético de Eduardo Galeano que, en El fútbol a sol y a sombra , enuncia con audacia la metáfora del gol como el orgasmo del fútbol y cuando confiesa que a medida que van pasando los años, como un mendigo suplica: "Una buena jugada, por el amor de Dios". Y cuando eso ocurre, agradece el milagro sin importarle cuál es el club o el país que se lo ofrece.
El escritor uruguayo observa que la historia oficial tiene un descuido asombroso al ignorar el fútbol. Es cierto, ni los textos de historia contemporánea ni los diccionarios de teoría de la comunicación lo mencionan, en países donde ha sido y sigue siendo un signo de identidad colectiva.
A quien sepa sondear en lo profundo de las vicisitudes de la vida, el fútbol le develará verdades del entramado social y psicológico del hombre; aristas de luz que sólo las grandes intuiciones pueden percibir. Y ahora cierro esta página. Le pongo un punto final siguiendo a Galeano: "Con esa melancolía que todos sentimos después de hacer el amor y al terminar el partido".

