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Educación y coraje

Es posible educar para la democracia, para la esperanza, para la libertad que humaniza, porque la educación es un acto de coraje. Julio César Pérez.

20 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Julio César Pérez (Inspector de educación secundaria)
Educación y coraje

Es posible educar para la democracia, para la esperanza, para la libertad que humaniza, porque la educación es un acto de coraje. Según el pedagogo brasileño Paulo Freire, "la educación es un acto de amor, de coraje; es una práctica de la libertad dirigida hacia la realidad, a la que no teme; más bien busca transformarla, por solidaridad, por espíritu fraternal".La educación problematizadora es diálogo, reflexión y acción liberadora. Permite la toma de conciencia que abre el camino a la crítica y a la expresión de insatisfacciones personales y comunitarias, a fin de encontrar respuestas democratizantes.Con tolerancia, se puede pasar de una educación bancaria, donde el alumno es tomado como depósito de conocimiento, a una educación problematizadora, que propone a los hombres su situación como problema, desde la toma de conciencia de un proceso de concientización que permita enriquecer la práctica educativa.Una educación que apunte a la liberación auténtica que es el proceso de humanización, de acción y de reflexión sobre la realidad para transformarla.La educación problematizadora propone la exigencia de la superación de la contradicción maestro-alumnos, afirmando la dialogicidad y volviéndose dialógica.Esta propuesta de superación, de práctica de la libertad, nos habla del nacimiento de una relación nueva, educador-educando, con educando-educador.De manera que tanto el docente como el alumno, a través del diálogo, se transforman en sujetos del proceso educativo, en el que crecen juntos y en el cual se fortalecen los argumentos de la autoridad pedagógica.¿Podemos generar cambios sustantivos en la educación?Sólo desde el compromiso verdadero, que implica coraje, solidaridad, concientización y desafío en el proceso educativo.Se busca que emerjan las conciencias de los estudiantes, y cuando estos más se problematicen como seres en el mundo y con el mundo, se sentirán invitados a responder al reto.Por consiguiente, el proceso de transformación estructural podrá darse en la medida en que ocurra un cambio en las estructuras mentales; es decir, sólo con una concientización.Hace falta que el educador problematizador rehaga continuamente su acto cognoscente en la cognoscibilidad de sus educandos, en un recorrido donde crezcan juntos a través del conocimiento, de libertades, de relaciones solidarias y participativas.Para ello, es necesario que los educadores adoptemos virtudes edificantes en la enseñanza y seamos capaces de comprometernos políticamente con la transformación de una sociedad más justa.