Uruguay, tan cerca, tan lejos
La foto del actual presidente y de tres exmandatarios uruguayos en un mismo acto muestra que ciertos temas, como los derechos humanos, deben ser una agenda común en las democracias.
Pese a que somos vecinos y sólo nos separan el río Uruguay y el Río de la Plata, los uruguayos se comportan de maneras que a los argentinos nos causan extrañeza (ya sea en forma de incredulidad, estupor o admiración). A tal punto que se pone en duda eso que tantas veces hemos repetido: que la antiguamente llamada Banda Oriental es una provincia argentina
Tan raros son que nos cuesta explicarnos, por ejemplo, que para conmemorar el cincuentenario del autogolpe de José María Bordaberry de 1973 –el cual introdujo al país en sus propios años de plomo, secuestros, desapariciones y asesinatos– se hayan reunido un presidente en ejercicio y tres exmandatarios en un mismo acto.
Al menos desde que se instaló la grieta, hace ya unos 20 años, a ningún político local se le hubiera ocurrido semejante reunión. Todo lo contrario: habría aprovechado la oportunidad para cargar contra los que gobernaron antes o los que podrían gobernar después. Es el estilo que nos caracteriza.
Posando para una foto que debería dolernos al magnificar nuestra impotencia, nuestro “fracaso de vivir”, para decirlo como en un tango, el actual mandatario, Luis Lacalle Pou, y los expresidentes José Mujica, Julio María Sanguinetti y Luis Lacalle Herrera se reunieron para recordar que la democracia es una construcción colectiva que deviene convivencia bajo el paraguas del respeto por el disenso y las razonables diferencias políticas.
Poco y nada que ver con la construcción de la antinomia amigo-enemigo que ha dominado la política argentina de las últimas dos décadas, marcada por una teoría del populismo, elaborada por Ernesto Laclau, en la que resulta difícil distinguir cuánto pertenece al diagnóstico y cuánto al manual de prácticas políticas en la tradición de El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo.
Es cierto que Uruguay tiene claras asignaturas pendientes en materia de derechos humanos, dado que hasta hace poco no ha podido consensuar una política eficiente para el examen de su pasado y la cuestión de las graves violaciones a los derechos humanos acaecidas durante su larga dictadura, que fue un eslabón más en la larga cadena de gobiernos dictatoriales de los años 1970 en esta parte del mundo.
Por el contrario, Argentina ha sido ejemplo por su repaso del pasado, el juicio a las Juntas militares y la prosecución del juzgamiento de los responsables del terrorismo de Estado, pero no es menos cierto que en sólo dos décadas el tema de los derechos humanos fue apropiado por un sector, con la anuencia de organismos que nunca debieron prestarse a semejante manipulación, y se aplicó sin miramientos aquello de que para el enemigo no debe haber ni siquiera justicia.
Uruguay está muy cerca pero, paradójicamente, Argentina está demasiado lejos: el planteo de “ellos o nosotros” ha calado hondo en vastos sectores de nuestra sociedad, al punto de imposibilitar cualquier forma de discusión civilizada y la construcción de consensos basados en intereses comunes. Para decirlo en otros términos, la foto de cuatro mandatarios uruguayos vale para constatar cuánto hemos retrocedido.

