Salvataje a elevado precio político
La creación de un fondo anticrisis neutraliza -por ahora- las perspectivas de una grave crisis en la eurozona, pero exigirá una fuerte disciplina fiscal.
El domingo último, los ministros de Economía de la mayoría de los países miembros de la Unión Europea (UE) acordaron, con el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI), la constitución de un fondo anticrisis por 720 mil millones de euros, para auxiliar a los países que afrontan crisis o se hallan en los umbrales de un colapso económico.
La eurozona ya había dispuesto 110 mil millones de euros para asistir a Grecia, inmersa en una coyuntura que amenazaba con la quiebra de su sistema, por el altísimo nivel de endeudamiento, por el elevado déficit fiscal (que multiplicaba por cuatro el máximo fijado por el Tratado de Maastricht) y por la fuga masiva de capitales.
El acuerdo entre la UE y el FMI tuvo sus costos. Por lo pronto, el Reino Unido rehusó firmarlo, una decisión que no puede sorprender demasiado, porque Gran Bretaña se ha mantenido siempre al margen de la eurozona y considera que un esfuerzo económico de esa envergadura está destinado a sostener la cotización de la moneda única, que venía desplomándose hasta que ayer inició su recuperación, una vez conocida la decisión de crear el fondo anticrisis.
Gran Bretaña nunca demostró demasiado entusiasmo por la moneda única y las crisis que enfrentan ahora Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia parecen haber justificado esa reticencia. No es que la economía británica sea, en comparación, demasiado boyante, pero es indudable que está demostrando mayor solidez y estabilidad que los "eurozónicos". El ministro de Economía del Reino Unido, Alistair Darling, fue brutalmente claro: "Arréglenselas solos", respondió cuando se le pidió el apoyo para el salvataje.
Las evaluaciones del Banco Internacional de Pagos (banco central de los entes rectores de todo el mundo) también estarían avalando el aislamiento del Reino Unido, porque las obligaciones de los países más endeudados superan los 2.800 millones de euros, de los cuales Alemania tiene en cartera unos 300 mil millones y los británicos, 140 mil millones. El Banco Central Europeo (BCE) cargará ahora con esos papeles tóxicos.
El acuerdo tuvo un fuerte costo político. El más alto precio debió pagarlo la canciller alemana, Angela Merkel, quien el domingo último perdió las cruciales elecciones regionales en Renania del Norte-Westfalia; esa derrota quebró la mayoría que ejercía su coalición en la cámara baja del Parlamento (Bundestag), lo que hipoteca el futuro político y económico de la eurozona.
Más allá del costo y las implicancias para el futuro de Europa, el salvataje es una buena noticia para la Argentina, que corría el riesgo de que los precios de los productos primarios se desplomaran ante una eventual fortaleza del dólar. Además, aliviará el costo financiero para la deuda que emitirán el país y las provincias. Sin embargo, la crisis enseña que todo desborde en el gasto público debe ser corregido en algún momento.

