Tasa de vacunación en baja. Riesgo post-Mundial y desidia doméstica
No es para minimizar el impacto sanitario que podría tener el viaje al exterior de miles de argentinos con motivo del Mundial. Permanencia en regiones con circulación activa de enfermedades transmisibles.
Aunque pueda pasar inadvertido, el Mundial de fútbol que acaba de culminar enciende luces de alerta sanitaria que ni los gobernantes ni la ciudadanía en general deben relativizar.
En ese orden, vale recordar las consideraciones que hizo días atrás a este medio el infectólogo Hugo Pizzi, respecto de la baja cobertura de vacunas en Argentina y del peligro de que resurjan y se propaguen enfermedades, entre ellas, el sarampión y la tos convulsa.
Y es aquí donde el razonamiento lleva implícito el riesgo de contraer enfermedades en otras tierras, en el marco de lo que él denomina “el flujo de viajeros internacionales”.
No se trata de una relación antojadiza ni mucho menos para desatender, cuando el infectólogo pone especial atención sobre los tres países que fueron sedes del Mundial: Estados Unidos, México y Canadá. Y huelga repasar las multitudes de argentinos y de habitantes de otros países que viajaron a esas regiones que están bajo la lupa sanitaria por circulación activa de sarampión.
Hace varias décadas era exigible salir del país con la constancia de haber sido vacunado contra ciertas afecciones virales agudas; entre ellas, la fiebre amarilla. No hay constancia de que en la actualidad se mantenga aquella normativa preventiva durante todo el año.
Con todo, al enumerar el calendario anual de vacunación, persiste una preocupante baja cobertura en función de diversos factores. Uno de ellos reside en la pura desatención de la gente; otro, en las dificultades que encuentran los grupos más empobrecidos y distantes de los centros de inmunización, tanto en la ciudad de Córdoba cuanto en parajes del interior.
Al retomar los razonamientos de Pizzi, es inadmisible que la tasa de renuentes a las vacunas oscile por estos días entre el 60% y el 65%, pese a que es un tratamiento preventivo obligatorio reglado por ley.
Los antecedentes más recientes no aconsejan mirar para otro lado, sobre todo en lo que atañe a las gestiones de orden estatal. En ese contexto, en 2025, fallecieron 14 niños por tos convulsa en el país, pese a que existe una vacuna específica desde hace un siglo.
Es de evaluar como de vital importancia para la salud colectiva la inoculación anual contra la gripe en sus distintas cepas. Pero hay otras enfermedades que necesitan igual barrera protectora. Por ejemplo, contra el tétanos y las ya mencionadas tos convulsa y sarampión.
Además, según los rangos etarios, predomina en el calendario la vacuna contra el neumococo, que protege de enfermedades graves como la neumonía y la meningitis.
Es de extrema inquietud saber que, en línea con lo que advierte el reconocido infectólogo, hay chicos que no tienen ni una sola vacuna colocada, cuando ya trascurrió la mitad del año.
Entre el flujo de viajeros internacionales y la negligencia doméstica, hay riesgos latentes. El Estado también tiene sus responsabilidades.

