Política monetaria. La reforma del Banco Central debe efectuarse con consenso

Más allá de cierto trasfondo electoral de la iniciativa oficial, la reforma del Banco Central abre una oportunidad para acordar futuras políticas económicas.

16 de julio de 2026 a las 02:34 a. m.
La reforma del Banco Central debe efectuarse con consenso
Banco Central de la República Argentina (BCRA).

El presidente Javier Milei puso énfasis en las últimas semanas en la defensa de un proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que será tratado por el Congreso desde el próximo mes.

Aunque todavía no se conoce el texto final de la iniciativa, el principal objetivo es fijar como único y excluyente objetivo del BCRA el de velar por el valor de la moneda nacional.

La actual carta orgánica, sancionada en 2012 a instancias del kirchnerismo, fija como finalidad “promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.

Estas últimas atribuciones pretenden ser corregidas por la actual administración, para centrar su accionar exclusivamente en el valor de la moneda, ya que lo contrario –sostienen Milei y su equipo– supone una interferencia del Estado en la actividad económica.

También, a diferencia del instrumento vigente (ley 26.739), prohibiría los préstamos del BCRA al Tesoro nacional, lo que supone emitir moneda para atender el déficit fiscal de la administración.

Según los adelantos conocidos, se vetaría la emisión de “letras intransferibles del Tesoro”, que en la práctica suponen la apropiación de los dólares de las reservas para el pago de la deuda externa.

Varias de las actividades que se prohibirán serán penalizadas con cárcel a los infractores de las futuras normas.

En suma, el proyecto incluye temas elogiables, en cuanto a convertir al Banco Central en una entidad autárquica de las políticas oficiales, como sucede en los países más desarrollados, e incluso en muchas naciones de Sudamérica.

Ese estatus elevaría el valor de los bonos de deuda, con la consiguiente caída del riesgo país, ubicado en la actualidad en unos 400 puntos básicos por encima de la tasa de los bonos norteamericanos.

De tal modo, Argentina daría un paso hacia la previsibilidad en el pago de sus obligaciones.

Lo encomiable de varios aspectos de esta iniciativa debería sancionarse con el consenso de las principales fuerzas políticas.

Este acuerdo evitaría que el texto fuera modificado otra vez por la oposición en caso de llegar al gobierno en 2027.

La estabilidad de las instituciones y de sus políticas constituirá así el mejor mensaje que la Argentina puede ofrecer a los organismos multilaterales de créditos e inversores privados.

Por contrapartida, las idas y vueltas en cuanto a la función de una de las principales entidades de la política económica generarían mensajes contradictorios en el objetivo de alcanzar el desarrollo del país.

Más allá de cierto trasfondo electoral de la iniciativa oficial, la reforma del Banco Central abre una oportunidad para el consenso sobre futuras políticas económicas.

La sociedad espera un camino de crecimiento, más allá de las mezquinas pujas partidarias actuales.