Editorial Incendios y monóxido: la tragedia de la precariedad

En Córdoba hubo 16 víctimas fatales por incendios en lo que va del año, una cifra que impulsa a atacar la vulnerabilidad social y la falta de mantenimiento técnico en los hogares.

28 de julio de 2026 a las 01:17 a. m.
Incendios y monóxido: la tragedia de la precariedad
Cinco personas fueron rescatadas este viernes desmayadas en su casa por intoxicación de monóxido de carbono.

La provincia de Córdoba atraviesa una situación preocupante a causa de siniestros con fuego en viviendas. En lo que va de este invierno, 16 personas perdieron la vida bajo las llamas o el humo en sus propias casas.

Esta cifra de espanto surge de un relevamiento que incluye tanto la ciudad capital como diversas localidades del interior provincial.

El último de estos episodios tuvo lugar en el barrio Tejas del Sur, de la ciudad de Córdoba, donde un hombre de 55 años pereció tras inhalar gases tóxicos en su dormitorio.

Los peritajes de Bomberos indican que el mal uso de artefactos de calefacción y los fallos en la red eléctrica son los disparadores de la tragedia.

En mayo, el mes con mayor índice de fatalidad, tres personas murieron en Saldán tras un cortocircuito que volvió su vivienda una celda mortal de fuego. Otros casos en Salsipuedes y en el barrio El Cerrito refuerzan este panorama desolador.

Resulta vital comprender que el fuego halla alimento voraz en mantas, ropa y mobiliario, y que su avance es velocísimo.

La presencia de rejas en puertas y en ventanas, instaladas por temor a los robos, impide una salida veloz y obstaculiza la labor de quienes intentan brindar auxilio.

A este peligro se suma la amenaza del monóxido de carbono, responsable de al menos cuatro muertes más en territorio cordobés. Este gas carece de olor y color, por lo que su detección es nula para la víctima hasta que el efecto es letal.

Las malas combustiones y la ausencia de ventilación adecuada transforman el aire en un veneno imperceptible.

La prevención es la única vía para frenar este conteo de víctimas. Es necesario insistir en la revisión de cada estufa, calefón o caldera, a cargo de profesionales con matrícula.

Los arreglos precarios o el descuido de las instalaciones eléctricas pueden ser fatales. Un técnico con oficio puede detectar un cable defectuoso o una llama mal regulada antes de que el desastre ocurra.

El ahorro en mantenimiento es, con frecuencia, el inicio de una tragedia.

Es urgente atacar la causa principal: la vulnerabilidad de muchas familias cordobesas. La crisis económica impacta en la seguridad del hogar. Mucha gente carece de recursos para costear arreglos técnicos o para renovar equipos viejos.

El informe de Bomberos asocia el aumento de incendios a la falta de inversión en las estructuras domésticas por la caída del poder adquisitivo.

La pobreza habitacional es el motor invisible que empuja a los sectores más débiles hacia estas trampas de fuego.

La respuesta debe ser integral. El Estado tiene el deber de asistir a quienes viven en condiciones de riesgo, aunque sea con campañas de concientización directas.

La vida de los vecinos no puede depender de la suerte frente a un cable pelado o de una garrafa en mal estado.