Dos relatos, una sola audiencia
El intendente de Córdoba aún aparece montado sobre cierto estado de gracia que la sociedad ofrece en tiempos inaugurales a los gobernantes. La cuestión es saber cuánto tiempo de crédito le ofrece la herencia recibida frente a ciudadanos urgidos de soluciones. Julio Perotti.
Después de mucha paciencia, horas de silla y oídos atentos, los habitantes de Córdoba capital deben de haberse sentido confundidos. ¿Es posible que tamaño virtuosismo de un modelo nacional sea incapaz de derramar algo, aunque sea poco, sobre una ciudad que sufre los embates de una tormenta perfecta?
Porque por esos extremos navegaron los mensajes de la presidenta Cristina Fernández ante el Congreso de la Nación y del intendente Ramón Javier Mestre ante el Concejo Deliberante de Córdoba.
Entre paréntesis, ya casi debe haber pasado al olvido que, hace un mes, el gobernador José Manuel de la Sota usó la inauguración de las sesiones de la Legislatura para pedir paciencia a los habitantes de la provincia.
Pero volvamos a la mañana del jueves, que se desperezó con Mestre frente a los ediles para ratificar que Winston Churchill no iba a ser el último en apelar a Giuseppe Garibaldi para pedir –sin sangre, claro– “esfuerzo, lágrimas y sudor”.
El intendente de Córdoba aún aparece montado sobre cierto “estado de gracia” que la sociedad ofrece en tiempos inaugurales a los gobernantes.
Por eso, aún le quedó margen a Mestre para atribuir a las gestiones anteriores –en particular a la de Daniel Giacomino– la causa de todos los males que se ve obligado a subsanar en la Municipalidad de Córdoba, eso que definió justamente como “la tormenta perfecta”.
La descripción que hizo Mestre ante el Concejo Deliberante es la sumatoria de todas los dificultades que, dicen en público y en privado, encontraron cuando llegaron a la Municipalidad: finanzas quebradas, servicios paralizados, empresas públicas (Crese y Tamse) sin un centavo y un gremio incapaz de comprender dónde está parado y cuál es su responsabilidad social.
La cuestión es saber cuánto tiempo de crédito le ofrece la herencia recibida frente a los ciudadanos, urgidos de soluciones a los problemas que a diario enfrentan cuando caminan por la ciudad.
Porque la ecuación es sencilla: cuanto más tiempo pasa, menos responsabilidad hay en el que estuvo, y más en el que está. O sea, llega el momento de mostrar lo que se está haciendo y de dejar de llorar sobre la leche derramada.
Por cierto, a favor de Mestre juegan los apenas 80 días transcurridos desde que asumió y la condición de segundo discurso formal en ese lapso (el primero lo pronunció en su asunción, el 10 de diciembre del año pasado).
Pero también puede montarse sobre la reaparición en los últimos tiempos de Giacomino en los medios y en la red social Twitter para defender lo que dejó su gestión, en particular en las empresa de limpieza urbana y de transporte municipal.
Con Giacomino en escena, a Mestre aún parece quedarle algo de tiempo, más allá de las críticas opositoras. Y lo aprovecha, como lo hizo el jueves cuando anunció que hará una auditoría para saber dónde está parada la Municipalidad y que, aunque no constituirá “una caza de brujas”, sí servirá para delimitar responsabilidades.
Y si otro viento de cola ayuda a Mestre es el favor que recibe de manos del gobernador José Manuel de la Sota, siempre más confortado por mantener relaciones con un radical que con políticos de otro palo.
Más allá del protocolo. Esa misma mañana del jueves, De la Sota aprovechó un diálogo con Cadena 3 para disculparse con Mestre por no asistir al Concejo porque debía ir al Congreso por el mensaje de la presidenta Cristina Fernández.
Pero también el gobernador le dispensó virtualmente la condición de socio político al que está dispuesto a acompañar y, como muestra de ello, le envió al acto a dos figuras clave de su gabinete: la vicegobernadora Alicia Pregno y el jefe de Gabinete, Oscar González. El protocolo, ya se sabe, es flexible como para permitir o denegar muchos gestos como ése.
Ocupado demasiado en su gestión y sublimado por los gestos de condescendencia de De la Sota, Mestre carece de margen por ahora para intentar convertirse en un referente opositor.
Con seguridad acicateado por De la Sota, el peronismo en la Legislatura provincial trabaja para limar la representación del Frente Cívico de Luis Juez y dejar al radicalismo como principal fuerza opositora.
Por lo pronto, hay quienes sostienen que la salida de Rubén Borello, otro amigo de Juez que se va enojado, fue operada por el oficialismo con un claro guiño desde el Centro Cívico. En las cercanías de la Legislatura, se oyó hablar, en las últimas horas, de otro legislador que podría partir con Borello o declararse independiente, pero esto no pudo ser confirmado.
Mientras estas operaciones mantienen activos a sus operadores, De la Sota tiene otros problemas que resolver: el persistente conflicto médico y el paro docente que impidió el normal inicio de clases son dos espinas que se le atravesaron, en particular porque son dramas en sectores socialmente sensibles.
La crisis en la salud es un conflicto que heredó del último tramo de gestión de su antecesor, Juan Schiaretti, pero nada puede decir; al fin y al cabo, siempre se mostraron de manera mutua como una continuidad de Unión por Córdoba en el poder.
El problema con los maestros le complicó las relaciones con un gremio que creía estaba de su lado. Pero a la conducción de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), por más que quiera, la oposición parece correrla de costado y obligarla a ser más dura de lo que quisiera. Además, le arruinó a De la Sota la fiesta inaugural del boleto educativo gratuito con el que hace roncha.
Es evidente que al Gobierno esta situación le preocupa: muchísimos hogares cordobeses recibieron una llamada telefónica con una encuesta que disimula mal que trata de indagar sobre la posición social frente al conflicto docente.
Para colmo, el exabrupto de la Presidenta sobre los tiempos que trabajan los docentes pone a los militantes de la UEPC a tiro de descargar bronca con cualquier medida de fuerza que se disponga a nivel nacional.
Los márgenes de reacomodamiento salarial con que cuenta el Gobierno de la Provincia son casi nulos en tanto no logre rearmar un acuerdo con la Nación por el déficit de la Caja de Jubilaciones.
Cariño sí, plata no. Las señales que recibe en Buenos Aires son pocas, aunque en los últimos tiempos se encendió alguna luz de esperanza de un acercamiento que De la Sota procura a sol y sombra.
Cariño, todo el que quiera; plata, nada –escuchó un dirigente cordobés de boca de un funcionario nacional, cuando quiso indagar cómo venían las relaciones entre De la Sota y las primeras líneas del kirchnerismo.
Otras son las preocupaciones inmediatas que atraviesan a la Casa Rosada: que la caja no se achique; que la tragedia de la estación ferroviaria de Once no termine con el kirchnerismo como culpable; que el conflicto por el traspaso de los subtes le cueste lo más caro posible a Mauricio Macri, y que el aparente vínculo entre el vicepresidente Amado Boudou y la ex Ciccone Calcográfica no concluya en un escándalo de proporciones.
Todo esto, desde luego, para evitar que el 54 por ciento de los votos con que la Presidenta fue reelegida se esmerile y pueda seguir construyendo su propio relato sobre las innumerables y poco reconocidas bondades de la sintonía fina del modelo.

