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Dos pájaros de un tiro

Si no se frena la inflación, los pronósticos optimistas para 2011, lejos de concretarse, quedarán reducidos a simples expresiones de anhelo. Ramón Frediani.

07 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ramón Frediani (Economista; consultor internacional)
Dos pájaros de un tiro

En la semana que concluyó, hubo dos elecciones significativas: las presidenciales en Brasil y las legislativas de medio término en Estados Unidos. No sabemos si a la larga sus resultados serán positivos para sus respectivos países, pero sí podemos afirmar que, al menos en el corto plazo, las consecuencias de ambos hechos políticos, diametralmente opuestos en más de un sentido, serán, paradójicamente, favorables a la Argentina, como cuando un cazador logra derribar dos pájaros de un tiro. Una primera gran diferencia es que mientras en el gigante sudamericano triunfó un partido de centro-izquierda, en Estados Unidos lo hizo uno de centroderecha, apoyado por grupos ultraconservadores. Una segunda diferencia es que mientras en Brasil se ratifica la continuidad del partido gobernante, en el país del Norte triunfa la oposición. Y pasando a lo estrictamente económico, mientras Brasil no puede devaluar su moneda, Estados Unidos no puede evitar la devaluación de la suya. Y son los tipos de cambio real/peso y dólar/peso las claves para interpretar el impacto de esas elecciones en la economía argentina.Esta mezcla de revaluación brasileña, por un lado, y devaluación norteamericana del dólar, por el otro, resulta una alquimia conveniente para nuestro país, y es un nuevo elemento que se agrega a la larga lista de factores favorables externos desde 2003 que, sin ellos, la gestión económica "K" también hubiera resultado recesiva, mediocre y sin trascendencia, como tantas otras en el pasado que no tuvieron la suerte de gozar de excelentes condiciones de la economía mundial. Viento de cola. Con estas dos elecciones, una vez más resucita con fuerza ese "viento de cola" que tanto ayudó a explicar el crecimiento de los últimos siete años, y que sus rasgos distintivos fueron: altos precios en las materias primas para exportación, que en algunos casos duplican los que eran vigentes 10 años atrás; auge del turismo internacional hacia nuestro país motivado por la fuerte devaluación del peso heredada del gobierno anterior (Eduardo Duhalde); no pago de los servicios de la deuda gracias al default declarado en 2001 (Adolfo Rodríguez Saá); gran liquidez internacional, pues hubo y hay billones de dólares que se vuelcan a las economías emergentes, hoy más atractivas que los países desarrollados; tasas de interés excepcionalmente bajas llegando incluso a estar próximas a cero para plazos cortos; crecimiento explosivo de la demanda de alimentos por parte de China e India y expansión de todos los emergentes de Latinoamérica, el sudeste asiático y Europa oriental, que explican la diversificación de productos y destinos de nuestras exportaciones. El voto del bolsillo. A pesar de las asimetrías observadas entre ambas elecciones, hubo un hilo conductor común: la gran mayoría de sus pueblos no votó motivada por conceptos etéreos como valores y principios, sino que lo hizo movida por algo más rudimentario: el bolsillo. Los brasileños están felices con el boom económico que les deja la gestión de Lula, al cual quieren darle continuidad, puesto que los ha llevado a la antesala de convertirse en potencia mundial. A su vez, los norteamericanos votaron pensando en la crisis económica, la falta de ventas en sus empresas, el endeudamiento de las familias, la imposibilidad de pagar las hipotecas, los 16 millones de desocupados y los 45 millones de pobres que ya existen, según estimaciones de la Oficina Federal del Censo en Washington. El fracaso en la guerra contra Irak y la retirada definitiva de Afganistán en julio de 2011 figuraron recién en el quinto lugar como motivación del "voto castigo", detrás de la crisis económica, el desempleo, el sistema de salud y la inmigración ilegal, en ese orden.Un real alto garantiza que prosigan elevadas las exportaciones argentinas hacia Brasil de la industria automotriz y del sector metalmecánico. Un dólar devaluado garantiza altos precios para la soja, maíz, trigo, girasol y, en general, para todas las materias primas que componen el grueso de nuestras exportaciones. Por otra parte, la debilidad de Wall Street y la fortaleza alcanzada por los grandes grupos económicos brasileños favorecen el ingreso de capitales hacia la Argentina, pues ven a nuestro país con un muy escaso desarrollo de su mercado bancario, bursátil y financiero y con grandes posibilidades en sectores como gas, petróleo, pesca, minería, turismo y actividad forestal. Pero este panorama de cuentos de hadas, éxtasis productivo y catarata de ingreso de dólares puede caerse como un castillo de naipes si el año próximo vuelve a repetirse una inflación cercana a 30 por ciento anual, como finalmente será la del acumulado de 2010. En tal caso, ni las exportaciones a Brasil ni los altos precios de las materias primas en el exterior serán rentables si llega a verificarse una inflación de costos en dólares próxima a esa magnitud. Sucede que aun en sus mejores momentos y cuando todo está pulcro, ordenado y en calma, a la economía argentina se le sale la cadena. Ocurrió muchas veces. Basta estudiar la historia económica de los últimos 80 años. Si el Gobierno nacional no frena la inflación, los pronósticos optimistas para 2011, lejos de concretarse, quedarán reducidos a simples deseos y expresiones de anhelo.