Divide y reinarás
Cuanto más autoritario es un gobierno, más profunda es la grieta. Todavía hay sujetos pintando una esvástica en la pared. Arnaldo Pérez Wat.
La Historia muestra que la política del Imperio Romano resultó bastante astuta: el Senado nunca dejó que un enemigo derrotado volviera a erigirse.
Bajo el lema “dividir para reinar”, a los confederados que podían ser peligrosos, los debilitó después de haberse servido de ellos. Los enemigos aliados fueron enemistados entre sí.
En los tratados de paz siempre se ponía una condición que, en ocasiones favorables, diera pretexto para una nueva guerra.
A los príncipes a quienes se temía, se los solía enemistar entre ellos o con sus propios súbditos. Luego se presentaban en el teatro de la guerra y se interesaban por el más débil: con éste sometían al más fuerte, y hacían súbditos a los dos. Y nunca comenzaban una guerra contra alguien sin antes haber ganado un aliado próximo a él.
Contra las sociedades. Como ya no hay guerras entre potencias, este método con el que se construyó el Imperio Romano se utiliza contra las sociedades.
En nuestro país, a mediados de 2008, se vivió una división o disputa entre el Congreso y Palermo que se reflejó en la oposición entre los ruralistas y cacerolazos en las ciudades, por una parte; y las multitudes de pobres que moviliza el kirchnerismo, por otra.
Quizás en el futuro esta estrategia se analice fractalmente. Así, la totalidad del país está ya dividida entre provincias K y no K.En estas últimas el poder se hace presente favoreciendo de forma desmedida a algunos de sus municipios para obtener su apoyo y lograr con ello un nuevo aliado en esa división (nadie habla de Villa María).
De esa manera la escisión llega al club, al gimnasio, al campo de golf, al bar y hasta a la familia, en donde hay individuos con distintos criterios.
Es que con la discreción que se maneja hoy el dinero y las prebendas, nos encontramos con que en un hogar hay un desocupado, una jubilada ama de casa, un adolescente, y un empleado con 10 ó 12 mil pesos de sueldo.
Otra familia se compone de cuatro o cinco miembros, pero hay entre ellos un “chico” encumbrado en La Cámpora o un barrabrava. Llegan las elecciones y comienzan en la casa las discusiones.
En la mayoría de estos casos se llega a un acuerdo y se decide votar con el bolsillo, como hacen generalmente los norteamericanos.
Este intríngulis afecta asimismo el balero de los encuestadores cuando la consulta tiene una sola palabra por respuesta. Si preguntan: ¿es usted kirchnerista?, puede arrojar un porcentaje distinto del que responde al interrogante: ¿por quién votó (o va a votar) usted?
Si continuamos con la división, históricamente, en la conciencia de cierto número de ciudadanos, es posible que se haya dado con frecuencia dicha disyuntiva. Vale decir, de acuerdo con la moral, ¿por quién tengo el deber de votar?; y atendiendo a mis intereses, ¿por quién voy a votar?
En el mismo orden de cosas, es menester aclarar que los romanos nunca se avergonzaron de aprender de otro pueblo, aunque tuvieron también su Calígula y su Nerón.
Allá y aquí, casi todos los que se han atornillado en el sillón llegaron a ser célebres (célebre no quiere decir necesariamente grande) pero terminaron dividiendo a la sociedad entre amigos y enemigos.
Cuanto más autoritario es un gobierno, más profunda es la grieta. Todavía hay sujetos pintando una esvástica en la pared, y todavía hay veteranos españoles aclarando: “Estábamos mejor contra Franco”.

