Fraternidad religiosa. Dios es luz: caminemos en la luz

La verdadera purificación también comienza desde adentro. Las acciones exteriores no pueden purificar a una persona si su corazón no se arrepiente y su vida no cambia.

14 de julio de 2026 a las 01:54 a. m.
Hovsep Hakobyan*
Dios es luz: caminemos en la luz

“Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con Él, pero caminamos en las tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como Él está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado”.

Estas palabras del apóstol Juan presentan la esencia de la vida cristiana mediante una imagen sencilla, pero profunda: la oposición entre la luz y las tinieblas.

La luz no solamente hace visible lo que se encuentra a nuestro alrededor; también nos revela a nosotros mismos. En la luz, el ser humano ya no puede ocultar sus heridas, sus errores, sus temores ni sus pecados. Pero la luz de Dios no nos revela para condenarnos. Nos revela para sanarnos, purificarnos y conducirnos hacia una vida nueva.

Con frecuencia limitamos la fe a palabras, oraciones o manifestaciones exteriores de piedad. Sin embargo, el apóstol nos advierte que es posible hablar de comunión con Dios y, al mismo tiempo, caminar en las tinieblas. Si nuestra fe no transforma nuestras palabras, nuestras actitudes, nuestras relaciones y nuestras decisiones, entonces todavía no se ha convertido en una verdad vivida.

Caminar en la luz significa no llevar una vida doble. Significa elegir la verdad incluso cuando la mentira parece más conveniente, perdonar cuando la venganza parece más fácil, defender al débil cuando guardar silencio parece más seguro y amar incluso cuando no recibimos nada a cambio.

La luz de Dios debe hacerse visible en nuestro hogar, en nuestro lugar de trabajo, en nuestras palabras y silencios, en nuestras actitudes y en nuestras decisiones cotidianas. El ser humano no puede caminar en la luz solamente durante algunas horas y luego regresar a las tinieblas. La luz es un camino que abarca toda la vida.

La verdadera purificación también comienza desde adentro. Las acciones exteriores no pueden purificar a una persona si su corazón no se arrepiente y su vida no cambia. Acercarse a Dios significa permitir que Su luz alcance aquellos rincones de nuestro interior que incluso tratamos de ocultarnos a nosotros mismos.

Preguntémonos hoy: ¿nuestra fe solamente habla de la luz o caminamos verdaderamente en ella?

Que la luz de Dios ilumine nuestra mente, purifique nuestro corazón y, por medio de nosotros, alcance también a quienes necesitan paz, esperanza y amor.

"Dios es luz: caminemos en la luz".

*Iglesia Apostólica Armenia de Córdoba, integrante del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)