Dime qué esperas... y te diré cómo vives
Lo que espero puede llenar mi vida de verdadero sentido, de nueva luz y de nuevas fuerzas. Federico Palacios.
El fin de semana pasado, la Iglesia Católica y otras varias iglesias cristianas hemos ingresado en el tiempo litúrgico de Adviento, que abarca cuatro semanas y que tiene como finalidad celebrar la venida del Señor, tanto la histórica como la que se dará al final de los tiempos. Además, hay una venida para reconocer, que tampoco puede pasar inadvertida: la cotidiana, la del día a día, momento a momento en el que Jesús también llega y en el que debemos poner todo de nuestra parte para acogerlo.Sin embargo, es tiempo de celebrar también la espera silenciosa aunque valiente de tantos hombres y mujeres que aguardaron a un Mesías que llenara las expectativas más profundas de los corazones y de los pueblos.Al iniciar el rezo del Angelus, el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo pasado al mediodía unas palabras que, más allá de sus creencias, merecen la atención de todo hombre o mujer de buena voluntad: "La espera, el esperar, es una dimensión que atraviesa toda nuestra existencia personal, familiar y social. La espera está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas y banales hasta las más importantes, que nos implican totalmente y en lo profundo. Pensemos, entre estas, en la espera de un hijo por parte de dos esposos; en la de un pariente o de un amigo que viene a visitarnos de lejos; pensemos, para un joven, en la espera del éxito en un examen decisivo, o en una entrevista de trabajo; en las relaciones afectivas, en la espera del encuentro con la persona amada, en la respuesta a una carta o en la acogida de un perdón..."¡Nos movemos entre tantas esperas! Parafraseando a San Agustín: "Nuestro corazón está inquieto… entre tantas esperas".La rutina, el cansancio, las preocupaciones y tantas situaciones de un año que termina pueden ahogar nuestra capacidad de esperar algo nuevo que dé luz y sentido a nuestra vida. Por eso, en este contexto de Adviento, es saludable que, en escucha atenta al propio corazón, uno se pregunte: ¿qué espero? Lo que espero puede llenar mi vida de verdadero sentido, de nueva luz y de nuevas fuerzas. En nuestros días, con toda seguridad, la carencia de "una espera" es la que lleva a varios a quitarse la vida por la desesperación.Por eso, también podríamos decir: "Dime qué esperas… y te diré cómo vives".Esta pregunta hunde sus raíces en las profundas necesidades de todo ser humano. Por este motivo, puede hacerse extensiva a todos: ¿Qué espera un hombre o mujer de buena voluntad? ¿Qué espera un judío? ¿Qué espera un musulmán? ¿Qué espera un cristiano? ¿Qué esperas tú?

