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Dignidad y política

Desde la emergencia de las sociedades productoras de bienes, ha existido un intercambio simbólico entre valores intangibles y materiales. 

12 de diciembre de 2013 a las 01:45 p. m.
Diego Dequino (Economista)
Dignidad y política

L os valores en Economía no son producto de una versión banal del materialismo, basados en un simple cálculo nominal de los precios de bienes y servicios. Se fundan en la confianza que los ciudadanos depositamos en la sociedad y en las instituciones que creamos para sostener nuestra organización y convivencia. Desde la emergencia de las sociedades productoras de bienes, ha existido un intercambio simbólico entre valores intangibles y materiales, especialmente entre lo que hoy entendemos como valores éticos y los valores económicos.Este intercambio simbólico entre valores éticos –que concilian y compactan a la sociedad– y valores materiales –que son fruto del trabajo colectivo de esa misma sociedad– sólo es factible mediante convenciones de carácter provisional en el tiempo. Eso significa que la condición para que se realicen consiste en que los recursos materiales –sean estos salarios, bienes o servicios– retroalimenten a los valores éticos.De ese modo, los intercambios de las rentas sociales mediante acuerdos salariales, establecimiento de precios, obtención de ganancias empresariales o fijación de impuestos se sostienen en el tiempo siempre y cuando puedan reafirmar y profundizar las convicciones éticas y morales sobre las cuales convergen los ciudadanos, en tanto miembros de una sociedad organizada.La política pública, como vector de dirección de la acción del Estado, no puede escapar de dicha regla. Para prolongarse en el tiempo, debe subordinarse siempre a los valores éticos que representen a la mayoría de los ciudadanos y producir las acciones necesarias para fomentar la producción y distribución material consecuentes con aquella búsqueda ética. La dignidad no es una condición subsecuente de lo material. La dignidad debe ser una condición previa y necesaria del bienestar material. Una sociedad debe aspirar siempre a ser digna y, para ello, la política debe también serlo. Esto no implica renunciar a las ambiciones de un mayor bienestar material para todos los integrantes de nuestra sociedad, pero sí obliga a sostener la dignidad de los ciudadanos como primer valor tutelar. Defender la dignidad de los ciudadanos –sin que importe su condición, sea esta la de trabajadores, padres de familia, empresarios, servidores públicos o miembros de número de nuestra sociedad– sobre la base de reivindicar los valores éticos que la mayoría ambiciona, en un marco de tolerancia democrática y ciudadana, es el único camino posible para reencontrarnos colectivamente con un futuro que nos sea común y nos contenga.El dinero, lo material, será apenas un paliativo temporal hasta tanto la política sea capaz de lograr dicho encuentro ciudadano.