El día de los vivientes
El Día de Todos los Muertos no es el día de todos los difuntos. Adrián Vitali.
El Día de Todos los Muertos no es el día de todos los difuntos. Es el día de los fieles difuntos de la Iglesia Católica. En él, la Iglesia reza por las almas de los fieles difuntos que aun se encuentran en el Purgatorio, en proceso de purificación. En este día, los vivos piden por la salvación de aquellos que no han alcanzado el perdón divino. Pero con certeza nadie sabe si el pariente que murió saldó toda su deuda con Dios. O si Dios te sigue reclamando después de la muerte lo que no hiciste cuando estabas vivo. Ahora, si las deudas temporales con Dios no prescriben con la muerte, ¿cómo limpiar las manchas pecaminosas del tiempo fuera de él? Pero como en un ritual casi genético, la mayoría de los creyentes o no, hoy, 2 de noviembre, conmemoran la ausencia de los seres queridos. Este día, como en ningún otro día del año, habrá grandes movimientos de ciudadanos de visita a sus difuntos en los cementerios de las ciudades y pueblos.Este día, el cementerio será el lugar de la memoria colectiva celebrada desde la individualidad doméstica.Este día, habrá más plegarias y flores en los cementerios que en los templos.Este día, la religiosidad popular sin dogmas, sin preceptos, sin obligaciones, sin templo, será la expresión más profunda y genuina de la fe que el pueblo recrea como gesto existencial.Este día, quizá Dios se sienta reconocido sin tanta burocracia litúrgica, en la gratuidad de un gesto simple, representado en una plegaria sin rumbo, en una lágrima porfiada, en una flor fugaz como el tiempo.Este día nadie piensa si el ser querido está en el cielo, en el infierno o en el purgatorio.Este día uno hace memoria, desde las ausencias del tiempo, de lo que compartió en el devenir de la existencia con las personas que quiso.El Día de los Fieles Difuntos ya no es el día de los fieles de una religión, sino el día de todos los muertos. Porque la muerte es patrimonio de los vivientes y no de las religiones. Porque sólo pueden morir los que hicieron la experiencia de nacer. Y para nacer, no se nos exige creer.

