El destino de Cristo
Feliz del que conserva la fe, pues en la injusticia social que vive el mundo, su razón no concibe la vida sólo como sufrimiento y explotación. Arnaldo Pérez Wat.
La astronomía, antes emparentada con la astrología, ha logrado vastos conocimientos basándose en la física y en las mediciones. El entendimiento humano se luce en ella en toda su magnitud. Pero estas grandiosas mediciones, esta infinita magnificencia, le sugiere al hombre su infinita pequeñez espiritual, a la vez que el resplandor del padre de la naturaleza se traduce en la excelencia de la divinidad.Bajo la bóveda del cielo, tanto el pasajero que va en la aeronave con fe en su destino como el sencillo obrero que martilla en el taller pueden sentir que todo lo creado en esa inmensidad rige el calendario que le marca que ha llegado la Natividad.A ese ser, hijo de Dios hecho hombre, le estaba reservada la tarea más trascendental. Moisés habla con la razón cuando dice: "Hay un solo Dios verdadero". Después, otro profeta, con criterio moral, advierte que Dios es capaz de perdonar los errores de los hombres.A Jesús le estaba reservada la misión más hermosa: hablar con el corazón, proclamar que Dios es amor, que al Padre se le puede mirar cara a cara.En esta revelación quedó sellado su sino, porque al anunciar que Dios es el padre de todos los hombres, entonces hasta el último plebeyo pasa a ser tan importante como el rey.¿Pero cómo hacerle entender a un Calígula que él es igual a uno cualquiera de sus esclavos? El sol del arrogante imperio de Roma iba a llegar a su ocaso. Y aparece el Nazareno que no hace distinciones e instaura un nuevo orden social, quizá el cambio más grande que registra la historia.Feliz del que conserva la fe, pues en la injusticia social que vive el mundo, su razón no concibe la vida sólo como sufrimiento y explotación. De nada servirán las riquezas al final de los tiempos, porque cuando llegue el día del juicio, el ser más explotado podrá presentarse como dueño de sus virtudes. Pero ni el más poderoso, aquel que ha despojado a los humildes, podrá presentar allí sus riquezas.En los genocidios modernos, los Herodes no sólo trafican con niños sino que los dejan morir de inanición. La avaricia repite aquellos siglos de esclavitud, con la trata de personas y con jornadas inhumanas de labor que amenazan la subsistencia de lo más desheredados.Pero volvamos a la Natividad. El saludo clave en estos días es: "Felicidades". Nadie piensa en el significado de la palabra. Pocos piensan en el significado de la fecha. La situación vital que implica el hecho de ser feliz varía de uno a otro: dichoso el que tiene salud, piensa el enfermo. Dichoso el que goza de libertad, piensa el que está entre rejas. Pero estos dos privilegios quizá parezcan sólo una rutina a los que están de festejos y brindan esperando algo más para los días sucesivos.Lo antedicho nos recuerda que una vez jugaban al golf un anciano, Jesús y Moisés. Tiró este y la pelota se fue al lago, pero se dividieron las aguas y pasó directamente al hoyo. Tiró Jesús, y al lago otra vez. Pero rodó la pelota sobre la superficie hasta alcanzar el hoyo. Tiró el anciano. La pelotita rebotó en una tortuga, se fue al campo vecino y una ardillita se la llevó. Jesús y Moisés sonrieron. Entonces, apareció un halcón, tomó a la ardillita y la apretó en el aire, esta expulsó la pelota que rodó hasta entrar en el hoyo. Jesús miró fijamente al anciano y le dijo: "Buen tiro, papá".

