Descentralización del mando policial
Es necesario reconvertir el actual sistema de cárceles enormes por módulos más pequeños, reservados a la distinta condición de los reos.
Como reiteran los expertos y también quienes hemos tenido alguna experiencia, la seguridad es un problema complejo que requiere una batería también compleja de acciones por parte del Estado y la sociedad. Pero le cabe al primero la articulación de todas las medidas, de manera que converjan en la solución del problema o al menos a encaminarse hacia ella. De ello dependerá que la inseguridad hoy patentizada en el espacio público y privado se revierta en una seguridad aceptable. No hay duda de que la educación (léase: internalización de valores), la oportunidad de trabajo y la inclusión tienen una importancia capital, pues la cultura del esfuerzo es un factor indispensable para una política de esta clase.La consecuencia de tal desculturación es la tendencia de ciertos sectores a conseguir el dinero fácil, sin que medien necesidades imperiosas, por lo que se dedican a despojar a sus congéneres de sus bienes y, en muchos casos y sin razón, a quitarles la vida.Esa porción social es minoritaria, si se observa que familias también con necesidades insatisfechas trabajan para superar sus propias realidades y tratan de vivir con la mayor dignidad posible y progresar.A ellos, en primer término, deben ir dirigidas las acciones del Estado para promover la movilidad social, que fue nuestro mayor orgullo a fines del siglo 19 y gran parte del 20.El otro segmento, el que ha internalizado el delito como un trabajo, sin duda merece otro tratamiento, cuyo instrumento primario es el Código Penal y la rehabilitación penitenciaria.Este problema bifronte no ha tenido solución hasta el presente.
¿Qué hacer?
La necesidad inmediata, entonces, es tomar medidas también inmediatas. Por más que su naturaleza sea instrumental, es preciso aplicarlas del mismo modo que al enfermo hay que bajarle la fiebre mientras evoluciona la enfermedad.
En este punto emerge la política de prevención como un posible antídoto eficaz. Hasta ahora, los resultados no han sido del todo buenos debido, a mi modesto entender, a que el formato policial no es adecuado a los tiempos que corren.
Mi propuesta consiste en lo siguiente.
En primer lugar, el mando policial debe desaparecer según la actual configuración con el jefe de policía a la cabeza de la institución. Y hay que establecer diferentes jurisdicciones (que por ahora pueden ser las actuales seccionales y unidades regionales en el interior), donde cada jefe sea responsable de ellas en cuanto a operatividad y recursos, y pueda, según su eficacia y eficiencia en la labor preventiva, alcanzar el grado de comisario General, que por ahora está reservado sólo al jefe de Policía y a su Estado Mayor.
Este funcionario debe tener en su territorio todas las competencias y facultades que por ahora están reservadas al jefe de Policía. Deberá remitir al ministro de Gobierno o de Seguridad un balance semestral de gestión y quedará sometido a esta autoridad política en cuanto a sus responsabilidades disciplinarias, previa consulta al Consejo de Seguridad Ciudadana, que en cada jurisdicción debe tener –y esto también es novedoso– un miembro acreditado por elección popular y ajeno a la institución policial.
El diseño actual debe ser reconducido, atribuyendo por ley a un nuevo organismo técnico la elaboración del planeamiento general de la acción policial conforme a las pautas constitucionales y legales.
En vez del jefe de Policía, esta tarea debe estar a cargo de un consejo de expertos. Estos tendrán que ser designados por la Legislatura y por mayoría simple. Una de la obligaciones de este consejo será enviar anualmente los planes de acción a la Cámara, previa consulta al gobernador, el cual podrá aceptar u objetar las políticas allí explicitadas.
De más está decir que todas las jurisdicciones deben contar con la mejor tecnología posible y con cursos de capacitación y formación semestrales.
Según lo dicho, esta nueva estructura –que sin duda puede ser mejorada y, si se quiere, vetada– permitirá, en primer lugar, evitar las internas policiales que, aunque algunos funcionarios lo nieguen, existieron y existen en la institución policial al igual que en otros estamentos institucionales.
Ello redundará en una mayor eficiencia y eficacia; estimulará una sana competencia entre las diferentes jurisdicciones. Como en el caso de los docentes para las zonas desfavorables, habrá que establecer una remuneración aumentada y una correcta evaluación a la hora de considerar el mérito de cada jefe de jurisdicción.
Discutir el problema
De suyo que esta idea admite agregados y adecuaciones, y aun su rechazo, si no fuera viable. Pero es un punto de partida para la discusión de un problema que reclama, entre otras cosas, imaginación y la posibilidad de que otros, con más y mejores ideas, se animen a brindar su aporte.
Como muestra, vale el experimento “tolerancia cero” puesto en práctica en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Sabemos que esa política funciona sólo hasta cierto punto, pues hay guetos y espacios ciudadanos en aquella ciudad donde, a partir de tal línea o tal horario, nadie puede entrar sin grave riesgo.
Así es menos complicado pla smar políticas de seguridad, en tanto el Estado, de hecho, se desentiende de territorios que debieran ser por él asegurados.
Por último y como acción complementaria, cabe examinar la eficacia del procedimiento penal, las políticas de ejecución de la pena y, lo que es de suma importancia, modificar la estructura y el funcionamiento del sistema penitenciario penal. Es necesario reconvertir el actual sistema de cárceles enormes por módulos más pequeños, reservados a la distinta condición de los reos.
El objetivo es que las cárceles no sean escuelas del delito donde el penado peligroso y experimentado adoctrina al delincuente primario, de poca experiencia y con posibilidades de rehabilitación.
El novedoso plan que implementaría el actual gobernador electo no se opone a las ideas aquí planteadas sino que, a mi entender, las complementa.
Ante la gravedad del problema, es preciso encararlo con audacia y sin prejuicios, con voluntad política, atendiendo todas las propuestas sin olvidar aquellas palabras de Albert Einstein en cuanto a que, a veces, “la imaginación vale más que el conocimiento”.

