La derrota del partido monárquico
En Córdoba, la derrota de los monárquicos tuvo registro de catástrofe.
El partido monárquico (conocido por el sobrenombre de “Frente para la Victoria”) ha sido derrotado en las primarias del pasado 11 de agosto. Obtuvo alrededor del 25 por ciento de los votos, magra cosecha si se tiene en cuenta que en las presidenciales de 2011 sacó el 54 por ciento.
La derrota reviste más gravedad si se considera que, de ese 25 por ciento, más de la mitad de los votos se colectaron en provincias sometidas a regímenes feudales.
En Córdoba, la derrota de los monárquicos tuvo registro de catástrofe. Sólo el 10 por ciento de los votos. La prédica anti-republicana que se imparte desde los cenáculos que triscan en los claustros universitarios fue rechazada por la mayoría. Los centuriones locales del club oficialista Carta Abierta debutaron en las lides electorales con un ruidoso fracaso.
Quienes adhirieron a la sinecura con que la presidenta Cristina Fernández premió a Carolina Scotto creyeron que con los generosos recursos del tesoro público podrían obtener un buen resultado y redimir a esta provincia que resistió doblegarse ante el poder central. Cometieron un error. Subestimaron la vitalidad de las raíces republicanas de los cordobeses.
Cuando transcurra el tiempo, el resultado de los recientes comicios será debidamente valorado por las crónicas históricas. Por encima del apoyo que se dio a candidaturas efímeras o a sellos de alianzas o a seudopartidos, lo importante es que se puso fin al intento de instalar un sistema monárquico.
Quienes están habituados a reprender a los partidos opositores por no forjar pactos o alianzas, a la luz de los resultados que comentamos, deberán rever esos conceptos. La unidad más importante, que es la defensa del sistema republicano, se ha construido sin alardes, sin jactancias, en el silencio de la buena fe y de la responsabilidad civil, y fue suficiente para poner fin a los planes de someter a los argentinos a la condición de súbditos de una ridícula monarquía.
*Abogado.

