Derechos humanos como política de Estado
El tema de los derechos humanos se incorporó a la agenda partidaria. Luis Baronetto.
La muerte del ex presidente Néstor Kirchner ha motivado reflexiones sobre la política ejercida durante los años que lo tuvieron como uno de los más destacados políticos de la Argentina. La enumeración puede ser variada, pero es incuestionable que lo relacionado con los derechos humanos ocupa un lugar privilegiado. Sus intervenciones, palabras, gestos y acciones sobre esta cuestión revelaron la contundencia de una decisión política: incorporar la demanda que logró instalar un sector de la sociedad, por la gravedad de la agresión sufrida y la persistencia en el reclamo. Los derechos humanos fueron transformados en una política de Estado.Haber asumido desde el Estado esas reivindicaciones encarnadas en los organismos de derechos humanos y otros movimientos sociales y políticos implicó no sólo encaminar concretamente los pasos de la Justicia para terminar con largos años de impunidad. La importancia de una política de Estado radica en el grado de institucionalidad que adquiere el reclamo social, obligándose a la ejecución de medidas que lo satisfagan. Pero, además, el carácter de permanencia y durabilidad, más allá incluso de la voluntad subjetiva de los gobernantes, quienes deberán integrar las distintas políticas en un proyecto. Aprendizajes. El proceso político iniciado en 2003 posibilitó que los diferentes poderes del Estado avanzaran con medidas reparatorias y otras extensivas. Era el mismo Estado, ahora democratizado, el que asumía la responsabilidad del enjuiciamiento del "Estado terrorista". Para el presente, disponía la no represión de la protesta social y la atención de otras problemáticas relacionadas con los derechos de los empobrecidos. En el denigrado mundo de la política, esas medidas contribuyeron, sin duda, a su revalorización, reubicando otra vez la importancia del Estado, principalmente para los sectores más agredidos en sus derechos. También la consideración positiva sobre el poder, tantas veces desacreditado cuando es ejercido por los sectores populares y menospreciado hasta en sectores militantes. El aprendizaje es asimismo para los movimientos sociales: la Justicia y la dignidad crecen cuando sus demandas son satisfechas mediante decisiones estatales.La política logró revalorizarse. Que muchos, principalmente jóvenes, hayan podido sentirse entusiasmados para involucrarse, es un mérito que vale la pena rescatar. Contrarrestar aquella demonización neoliberal es ganar una dura batalla cultural, porque el discurso de la despolitización creció con argumentos bondadosos: que más valía la militancia social que la política, porque ayudar a la gente en sus necesidades concretas era mejor que corromperse y perderse en los vericuetos de la política.Entender las violaciones a los derechos humanos no como obra de malvados, sino como expresión de la lucha de intereses y convicciones contrapuestos permitió llegar a una definición del terrorismo de Estado diferente al disfraz conciliatorio que inventó "la teoría de los demonios" para atemperar la gravedad del conflicto, exculpando responsabilidades del poder del Estado y de otros sectores poderosos.La política aplicada por el gobierno de Néstor Kirchner, con la anulación de las leyes de impunidad, la implementación de los juicios a los genocidas, la persistencia en el apoyo a esas demandas y el inicio de un proceso de transparencia en el Poder Judicial, logró un doble efecto de difícil retroceso: la instalación de los derechos humanos como política de Estado y la introducción de éstos en la agenda de los partidos políticos. El sistema y la cultura política argentina se han visto enriquecidos por esta doble acción relacionada con los derechos humanos: los derechos individuales en armonización con los derechos sociales. Haber incorporado la temática a nivel político, plantea un nuevo avance en la conciencia y en la sensibilidad social. Esto se torna fundamental, porque para la consolidación democrática implica que en el futuro no se podrá volver atrás en políticas ya establecidas. Eso es en lo concreto el ¡Nunca más!

