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Las denuncias con las que Boudou amagó, pero no hizo

La Presidenta sabe que este asunto está afectando seriamente su imagen, porque las mediciones oficiales de popularidad le marcan una caída de más de 20 puntos. La decisión es soportar el vendaval. Carlos Sacchetto.

08 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Las denuncias con las que Boudou amagó, pero no hizo

Hay actitudes clásicas en política, que a esta altura no deberían sorprender a nadie. Una de ellas es el fatalismo que aconseja: "Si tenés que caer, tratá de arrastrar a tus enemigos, y si no podés, al menos haceles algún daño". Es evidente que esta fue una razón, aunque no la única, que tuvo el vicepresidente Amado Boudou para salir, en soledad, a enfrentar las sospechas que lo rodean en la causa judicial que lo investiga por corrupción. Pero ¿quiénes son los enemigos de Boudou? El catálogo es mucho más amplio que el que él mencionó en el desordenado discurso que pronunció y para el que convocó a la prensa sin permitir preguntas de los periodistas. Apuntar a una supuesta mafia comandada por Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, e integrada por los diarios de mayor circulación en el país y sus periodistas "esbirros" ya dejó de ser una denuncia para convertirse en una excusa. Muy cerca. Los enemigos más temidos de Boudou no son el juez Daniel Rafecas, que lleva la causa, ni el fiscal Carlos Rívolo, ni los testigos que lo incriminan en el caso de la imprenta ex Ciccone. Enemiga es la realidad que lo acosa todos los días con nuevas evidencias, y verdaderos enemigos son los miembros del Gobierno que insisten en que debe al menos tomar una licencia hasta que aclare su situación judicial. Nada lo enfurece más a Boudou que saber que desde el mismo oficialismo se aportan datos y papeles que lo incriminan. Hasta hoy, la presidenta Cristina Fernández desoyó esas voces que le piden dejar de respaldarlo. Sabe que este asunto está afectando seriamente su imagen, porque las mediciones oficiales de popularidad le marcan una caída de más de 20 puntos. Pero la decisión es soportar el vendaval un poco más y ganar tiempo, en la esperanza de que las pruebas no sean suficientes.¿Hay otras razones por las cuales la Presidenta no ordena a su vice dar un paso al costado? Dos de esas razones ya son conocidas. Una es no entregarles su presa a Clarín y La Nación ; otra es que la decisión de convertir a Boudou en vicepresidente fue de ella y sería admitir un error. Habría un tercer motivo, que es el que comenzó a perfilar Boudou en su alocución del jueves.Miembros del oficialismo que se niegan más que nunca a que se mencionen sus nombres recuerdan que el entonces ministro de Economía produjo su recomendación a la Afip para que facilite un arreglo en la situación de Ciccone apenas 12 días después de la muerte de Néstor Kirchner. ¿Era el de Ciccone un tema que se había hablado en lo más alto del poder y contaba con la aprobación del ex presidente? "Habrá que demostrarlo", señalan esas mismas fuentes.Las referencias hechas por Boudou al estudio del hijo del procurador de la Corte, Esteban Righi; al presidente de la empresa Boldt, Antonio Tabanelli; al titular de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi; y al mismo juez Rafecas, citando el caso de los narcotraficantes yugoslavos, apuntan a demostrar que él conoce otros asuntos poco claros que se han tramitado en el Gobierno. ¿Fue un aviso para sus muchos enemigos internos?Si fuese así, también podría considerársela una advertencia para Cristina, su único sostén, lo que estaría convirtiendo a Boudou casi en un extorsionador que exclama: "O me ayudan o hablo". Así las cosas, tras la celebración de Pascuas, se anticipan otros capítulos no menos lamentables para las instituciones del país. Revuelo. Desde las cercanías del juez Rafecas llegan señales de que fue sorprendido por la embestida de Boudou, pero que no piensa abandonar la causa por su voluntad. Intentarán recusarlo o iniciarle juicio político, pero ahora eso entraría en una maraña de interpretaciones jurídicas. En lo político, es la Presidenta la que deberá mover sus piezas para avanzar en un asunto que está contaminando la unidad de su Gobierno. El caso Boudou ha irrumpido justo cuando Cristina se dispone a producir lo que en el oficialismo creen que será un fuerte golpe de efecto sobre su militancia, con el ingreso del Estado a la propiedad de Repsol-YPF. Con eso, el Gobierno esperaba recuperar la iniciativa, luego de problemas negativos para la gestión.La Presidenta lleva apenas cuatro meses de un período que deberá extenderse por cuatro años. El nivel de conflictividad que debe administrar es tan alto que hasta un mínimo error se convierte en importante. Por eso, en la Casa Rosada se rumorea un cambio en el equipo de ministros. A la respuesta, la traerá Cristina desde el sur.