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Democracia y transparencia para la ciudad

Es un hecho incontrastable que, en los últimos años, un ciclo pronunciado de decadencia política, económica e institucional ha impactado en el Gobierno municipal. Jorge Horacio Font.

18 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Jorge Horacio Font (Presidente del Tribunal de Cuentas Municipalidad de Córdoba)
Democracia y transparencia para la ciudad

Deseo compartir algunas ideas político-institucionales en torno de perspectivas y expectativas que se abren con la nueva gestión municipal en la ciudad de Córdoba. Gobierno eficaz, controles transparentes y ciudadanía civil a nivel local son las llaves de este nuevo tiempo para la capital provincial. ¿Es así de sencillo? Es un hecho incontrastable que, en los últimos años, un ciclo pronunciado de decadencia política, económica e institucional ha impactado en el Gobierno municipal.Si tomamos en cuenta este dato, lo más importante es advertir que esta administración y la mayoría de los ciudadanos estamos llamados a demostrar una decidida vocación para reconstruir los cimientos del poder público y, tras ello, la recuperación paulatina de los resortes éticos y morales que forjan el sentido civil de autoridad democrática a nivel local.En términos prácticos, en pos de alcanzar mayor eficacia y transparencia, es posible observar en la presente gestión una clara disposición de comportamientos y estilos coherentes para que los cambios necesarios puedan ser emprendidos con constancia, pero a la vez con prudencia.Dados, por una parte, la impronta y el liderazgo político que caracterizan al intendente Ramón Mestre y, por otra, la composición de equipos técnicos comprometidos con las ideas y las propuestas debatidas en campaña; resulta verosímil que, por fin, un cambio radical va a terminar torciendo el sino decadente antes apuntado.La verdad es que las herramientas y procedimientos decisionales que marcan el ritmo de la administración exhiben muchas rígidas y obsoletas formas de gestión y control dentro y fuera del Estado municipal.Para paliar esta rémora, nuevos modos de encarar el gobierno irrumpen en escena. Merece destacarse la previsión de fuentes de recursos anticíclicos con reservadas asignaciones específicas para evitar que lo urgente mate a lo importante. O bien que, cuando enfrentemos una emergencia, no sea la mendicante gira por despachos de la Provincia y la Nación la única salida que encuentren nuestros funcionarios.Una prolija y previsible creación de fondos de garantía como el de "abastecimiento", de "reparación urbanística", "para el desarrollo de la infraestructura sanitaria y cloacal", "para situaciones de infortunio, catástrofes y grave peligro público" y "para la consolidación de deuda" constituye una razonable matriz objetiva de resguardos públicos acertados.La constitución de los fondos de garantías –y de otros fondos fiduciarios– puede ayudar a que un flujo estable de recursos públicos quede al margen de la disputa cotidiana. En este renglón de ideas, la sanción de la llamada "ley de reordenamiento financiero" es un instrumento para que el agobio y la debilidad del insolvente Estado municipal sean pronto superados en condiciones de equidad y razonabilidad. Transparencia y control. El control es un elemento indispensable para cualquier orden constitucional. La presente gestión propone una serie de convicciones políticas y de ética pública cuyos contenidos merecen ser conocidos por los cordobeses. Es importante escapar a un dilema irritante que nos viene abrumando. Me refiero a que, por la abusiva multiplicación de situaciones de emergencia, la gestión de promesas electorales tiende a verse frustrada.En este punto, el control administrativo, jurídico y político en condiciones de legalidad, buena fe y razonable confianza institucional sigue siendo un requisito del buen gobierno.El intendente comprende este desafío. La eficacia y la transparencia en la gestión pública han dejado de ser vistas como opciones incompatibles. Una democracia republicana necesita cumplir ambas tendencias.También es importante tener presente que el juego democrático no puede evitar la multiplicación de ácidas críticas. Algunas encubren lógicas discursivas auto-interesadas (partidarias o sectoriales). De todos modos, en términos republicanos, el control en cualquiera de sus formas y cualesquiera fueren sus motivaciones está llamado a estabilizar un esquema plural superior de libertad, igualdad y democracia.Es evidente que este se desenvuelve mejor cuando la acción de gobierno logra sustraerse a las especulaciones oportunistas que disfrutan con el fracaso del adversario. Cuando le va mal al gobierno, nos va mal a todos. Cuando le va mal al gobierno y no le ayudamos de buena fe, nos va mal a todos y encima nos lo merecemos.Más allá de potenciales mezquindades, existe un cuadro objetivo de dificultades. La alta conflictividad que distingue nuestras pujas distributivas por salarios se encuentra hoy dominada por una retórica en la que se revela una sesgada hegemonía y por la actuación de sujetos colectivos cada vez más ambiciosos y egoístas.En ese juego, los más desprotegidos siguen siendo los más desfavorecidos, que suelen llegar últimos en sus reclamos. En contra de imposturas mesiánicas, demagógico-populistas, ortodoxas o simplemente impulsivas de corto o mediano vuelo, el presente Gobierno municipal se ha comprometido a racionalizar y reducir los conflictos.Lo hace privilegiando el interés del conjunto, por encima del interés de las partes. Lo hace sin querer disimular ni las causas ni las consecuencias que merodean todas las disputas que lo tienen tanto por protagonista como por árbitro.En síntesis, en el debate, diseño y control de las políticas públicas locales, la idea del bien común y un claro sentido democrático de pensar en los que menos tienen deben transformarse en un nuevo paradigma capaz de desplazar las degradadas formas de relación que separan a oficialismo y oposición. Pasar la crisis. Todos conocemos la situación política, económica, administrativa que dominaba el Palacio 6 de Julio. Cuando el intendente Mestre asumió, la pulverización de las estructuras locales estatales no permitía mayores ambiciones. Pero las cosas están cambiando. Porque la mayoría de las fuerzas opositoras y el pueblo de Córdoba conocen esta circunstancia es fundamental articular un plural, respetuoso y honesto ejercicio del disenso.En ello, la actitud vigilante sobre el cumplimiento y la ejecución visible y legal del gasto público local es una posición que compartimos y valoramos ante nuestros vecinos.Pero, claro, la mejor fórmula para reconstruir la confianza y la fe civil en nuestra democracia, en nuestras humanas capacidades y fortalezas, proviene del trabajo mancomunado. Para ello hace falta un importante cambio en la vocación de gobernantes y en la cultura ciudadana de los gobernados. ¿Seremos capaces?