Del pasado hacia el futuro
El lema “200 años de rotas cadenas”, que acompaña a la Feria del Libro Córdoba, impone un ánimo histórico que profundiza las reflexiones acerca del tercer siglo que inicia la patria.
El lema "200 años de rotas cadenas", que acompaña a la Feria del Libro Córdoba, impone un ánimo histórico que profundiza las reflexiones acerca del tercer siglo que inicia la patria. Pero esta aproximación a nuestro pasado intenta plasmarse con sus complejidades e itinerarios: a la independencia y los primeros años de vida nacional, debemos leerlos incluyendo la posición cordobesa.Hemos sumado el centenario de la asunción presidencial de Hipólito Yrigoyen y su relación con la Reforma Universitaria. Más cerca en el tiempo, señalamos el derrocamiento del presidente Arturo Illia (hace 50 años), que inició el atardecer de una democracia cuya noche llegó hace 40 años, en marzo de 1976. La sentencia de la megacausa de La Perla, también aquí pero hacia todo el país, sigue escribiendo la historia y produciendo material para este encuentro literario.Sin embargo, esta feria evoca un antecedente más remoto que la propia independencia, también vinculado a lo editorial: hace 250 años, se imprimía en Córdoba el primer libro del territorio nacional.Por ese motivo, se encargó una maqueta de esa imprenta, que nació jesuita en los sótanos de la antigua sede del Colegio Nacional de Monserrat (ahora Museo San Alberto). Pero ese ancestro de todos los libros del país, esa fábrica de conocimiento que impulsó ideas a todo el organismo argentino, no deja de ser una metáfora contemporánea para el actual momento bisagra de la actividad editorial.Es que hace poco tiempo, un escritor como Daniel Salzano leía 50 libros al año. Esa cantidad hoy parece una cifra astronómica. Según la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales (bit.ly/2d9NA4n), correspondiente a 2015, el 43 por ciento de los argentinos no leyó un solo libro durante el año.Las nuevas generaciones han cambiado de forma abrupta la manera de relacionarse con el conocimiento, pues la lectura ahora se encuentra atravesada por lo multimedial, por otras condiciones de concentración y diferentes sensibilidades.A nadie escapa que es un cambio de hábitos repentino, violento, incluso traumático para muchos de nosotros. Una crisis enorme para la historia de la humanidad, habituada a la imprenta desde hace siglos.Pero, como toda crisis, incluye grandes oportunidades: escribir y leer están más cerca que nunca. Incluso, puede que seamos más libres que las generaciones analógicas previas, y tal vez las formas de exclusión y censura tengan menos margen, al igual que las imposiciones de las multinacionales.La cultura se expande en redes descentralizadas integradas por usuarios que se perciben más poderosos que la generación anterior. Y aunque jamás desaparecerán los libros –esa es una certeza y una lucha que nos ocupa–, estamos obligados a reconocer que ahora el libro convive con recursos que se sitúan en nuevos territorios, ajenos a las cartografías de Gutenberg.Sin dudas, la Feria del Libro de Córdoba –la actual y la futura– deberá trazar los mapas de esos lugares para beneficio de la sociedad. * Secretario de Cultura de la Municipalidad de Córdoba

