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De la libertad de expresión a la libertad de existir

Unir la revista “Charlie Hebdo” con el supermercado kosher ha sido dificultoso. Charlie era judío, Georges Wolinski era judío. Los del supermercado lo eran. Los que mueren anónimamente en las sinagogas a los hachazos lo son.

03 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
Rosa Edith Yurevich
De la libertad de expresión a la libertad de existir

Nacida bajo la sombra del Holocausto, nunca obtuve una respuesta al porqué de tamaño genocidio. El "judía" significante usado como injuria durante toda mi infancia signó una actitud frente a ello. La rebeldía, por un lado; por el otro, no ser confundida con algo que me podía provocar la muerte. Yo asistía a un colegio público donde teníamos igualmente clase de religión. La señorita de Religión, una viejita flaquita y con anteojos, profesora de catecismo, impartía las clases y era estricta.A cada clase debía llevar el certificado de mi madre, para estar eximida. Ello me remitía a una segregación "voluntaria" en el patio; con calor o frío, lo mismo daba. Al ser casi la única judía del colegio, la soledad se apoderaba de mí. Ningún maestro me acompañaba ni tenía alguna actitud pedagógica conmigo. Casi se podía interpretar: "Pues, si eres judía, que te jodas".Nunca encontraba una respuesta a por qué tantos muertos. ¿Por qué a los judíos? Respuestas de los no judíos, muchas; no las repetiré por lo absurdas. Me preguntaba en ese entonces, y aún hoy, si por cada una de esas respuestas alguien podía ser matado impunemente o que alguien pudiese tener licencia para matar por las razones que fuesen.Un día resolví que no presentaría el certificado. Lo guardé en el bolsillo de mi guardapolvo y dije muy apesadumbrada que lo había olvidado. La señorita viejita me dijo que entonces debía quedarme en la clase de Religión. Ella sabía, por supuesto, y me quedé.Fui una excelente alumna. Desde entonces, no salí más de la clase. Aprendí todo lo sagrado. Aprendí más que de mi propia religión. Aprendí que de la segregación me debía mover sola.Años de análisis me llevaron reconocer mi propio judaísmo, uno sin ritos ni religión, pero que implica la pertenencia a un pueblo.Hablo de cierta sensibilidad especial adquirida, por no decir cierta paranoia, que me hace descubrir prontamente a los antisemitas encubiertos.Unir la revista Charlie Hebdo con el supermercado kosher ha sido dificultoso. Charlie era judío, Georges Wolinski (foto) era judío. Los del supermercado lo eran. Los que mueren anónimamente en las sinagogas a los hachazos lo son.Acaso uno podría pensar en actos sin sentido, aislados, únicos, de locura; o, por el contrario, que son actos plenos de sentido, en el colmo del sentido donde todo sinsentido se anula, frase tan cara a los psicoanalistas.Desde pequeña, el querer saber fue empujando mi vida.El chiste que vino a pacificarme en relación con los últimos acontecimientos apareció en Facebook. No puedo recordar el nombre del autor, del dibujante, algún Quino que anda por ahí, alguien que no le teme a lo sacro, ni a hablar, ni a expresarse. El chiste es sencillo. Uno le dice a otro: "¿Por qué mataron a los periodistas?" El otro responde: "Por la libertad de expresión". El uno pregunta: "¿Y, entonces, por qué mataron a los judíos?" El otro responde: "Por la libertad de existir".

*Psicoanalista