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Cultura salvaje

Si hay justicia y a quienes delinquen les recae el peso de la ley, el mensaje que se transmite es de seguridad y tranquilidad para todos.

03 de octubre de 2014 a las 12:01 a. m.
Fernando Barrutia*
Cultura salvaje

El éxito y récord de público de la película argentina Relatos salvajes se debe a que muestra con plena veracidad el comportamiento de los individuos ante dis­tintas situaciones cotidianas en nuestra sociedad actual.

Las expresiones de Ivo Cutzarida, quien dijo que hay que matar al que sale a matar, tuvieron gran repercusión publica. El actor se autoproclamó la voz del pueblo ­porque, según él, dice lo que siente la gente común. Tiene razón. Y agregaría que es lo que piensan muchos dirigentes y gobernantes en la intimidad y entre amigos, pero que no se animan a declarar porque es algo políticamente incorrecto.

Este doble discurso nos revela un profundo desapego a la Constitución, leyes y normas jurídicas en general. Y, lo que es más grave aún, produce un gran retroceso en el avance de la civilización y nos retrotrae a las épocas de la ley del talión.

Esto nos demuestra que todavía no hemos madurado y que necesitamos un cambio de mentalidad.

Hemos interpretado de forma literal las enseñanzas del papa Francisco respecto de que hay que hacer “lío”. Y no en el sentido profundo y espiritual que ello significa.

El cambio de mentalidad implica cambios de pensamientos y de actitudes, sobre todo de los que tienen mayor responsabilidad en la formación educativa y de los tres poderes que conforman nuestra República.

El Ejecutivo debe reconocer y enfrentar el tema de la inseguridad. El Legislativo debe adecuar el marco legal. Y el Judicial debe garantizar que los jueces privilegien los derechos de la víctima y no los de los delincuentes y apliquen la ley con firmeza y convicción, sabiendo que hay una sociedad que lo reclama. Tienen que tomar conciencia de que integran el poder fundamental de una auténtica democracia.

Si hay justicia y a quienes delinquen les recae todo el peso de la ley, el mensaje que se transmite es de seguridad y tranquilidad para todos los que vivimos en una comunidad organizada. Así se consolida la certeza de que cada uno cumple su rol en la sociedad y que lo hace con la debida responsabilidad.

También se demuestra, con hechos concretos, que nunca es tarde para realizar cambios de mentalidad positivos y sinceros, sin dobles discursos, con la finalidad de lograr el bien común y el bienestar general.

Ya decía Platón que lo más importante de cada tarea es el comienzo. Todos debemos ­realizar una autocrítica y, sin hipocresías y sin egoísmos, ayudar para que nuestra so­ciedad avance.

En definitiva, todo depende de nosotros y de nuestras actitudes frente a la vida. Hay que privilegiar el orden legal, asumir que no debe ni puede existir la justicia por mano propia. Precisamente, la civilización ha avanzado gracias a la constitución de comunidades organizadas, con leyes y normas de convivencia y con los poderes encargados de hacerlas cumplir.

Que los gobernantes y políticos tomen debida nota y que los jueces tengan la dignidad, el coraje y la fortaleza para aplicar la ley de forma rigurosa y reparar el daño social del delito, que nadie quede impune y que nos sintamos seguros y protegidos los ciudadanos comunes y no los delincuentes. Así la Justicia recuperará credibilidad.

En resumen, tenemos que madurar y erradicar para siempre de nuestros comportamientos la cultura salvaje.

*Abogado, exjuez de Paz de la ciudad  de Villa Allende, director de la revista “Nosotros y la realidad”.