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Cuba y Vaticano, relaciones convenientes

Las peticiones de mayor libertad al régimen comunista, que hizo Juan Pablo II en 1998, y de espacios de diálogo y reconciliación, que pidió Benedicto XVI en la semana que pasó, evidencian la evolución de las relaciones entre el Vaticano y el gobierno cubano, que parecen ahora más convenientes para ambos. Ricardo Trotti.

01 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cuba y Vaticano, relaciones convenientes

Las peticiones de mayor libertad al régimen comunista, que hizo Juan Pablo II en 1998, y de espacios de diálogo y reconciliación, que pidió Benedicto XVI en la semana que pasó, evidencian la evolución de las relaciones entre el Vaticano y el gobierno cubano, que parecen ahora más convenientes para ambos. El tono conciliador de Benedicto XVI apunta a una alianza que permita a la Iglesia no sólo abrir más templos, conquistar una feligresía aún esquiva y ganar terreno en la educación, sino solidificar su tarea de intercesión entre el gobierno y la disidencia, como lo viene haciendo el cardenal Jaime Ortega a favor de la liberación de presos políticos. A los hermanos Raúl y Fidel Castro, la relación con el Vaticano también les resulta muy conveniente. Consiguieron un interlocutor neutral y apolítico que podría neutralizar a cualquier potencia, en especial a Estados Unidos, en caso de que "el enemigo capitalista" quiera atribuir al embargo de cinco décadas cualquier cambio político que el régimen tenga que hacer para acomodar mayores reformas económicas en el futuro.De todos modos, no se pueden esperar cambios políticos profundos hasta después de la muerte de Fidel. Si el gobierno se hace más abierto y globalizado antes de tiempo, corre el riesgo de que sus líderes tengan que responder ante los tribunales por crímenes de lesa humanidad, como ocurrió con otros dictadores. Por eso, para los Castro, la dictadura y el aislamiento siguen siendo su mejor escudo protector.En este avance de las relaciones, los líderes de ambos bandos han encontrado coincidencias simpáticas, hasta hace poco improbables, como las enseñanzas de Juan Pablo II sobre la perversidad del marxismo. Ahora, Benedicto XVI se refirió a un "sistema agotado que no responde a la realidad"; dos meses antes, Raúl habló de "dogmas y criterios agotados" en la Conferencia Nacional del Partido Comunista, y Fidel llegó a decir en sus reflexiones que "el modelo cubano no funciona incluso para nosotros".Otras coincidencias se ventilaron en la Plaza de la Revolución durante la misa papal del 28 de marzo. Raúl y Benedicto XVI criticaron el embargo económico de Estados Unidos, aunque no repararon que en ese mismo lugar y 14 años antes, Juan Pablo II, quien también renegó del embargo, pidió que "Cuba se abra al mundo, para que el mundo se abra a Cuba".Aquel fue un mensaje directo para Fidel, para que asuma su responsabilidad por la tragedia cubana y tome la iniciativa de empezar a edificar un gobierno democrático, algo que jamás sucedió. Desde que Raúl tomó las riendas en 2006, el gobierno viene realizado cambios económicos necesarios, como permitir trabajos por cuenta propia y la compraventa y permuta de autos e inmuebles, pero las reformas que más se necesitan son las políticas.El arresto de disidentes antes y durante la visita del Papa, el corte de servicios telefónicos y la paliza y detención contra un osado por sólo gritar "abajo el comunismo", muestran que las violaciones de los derechos humanos y el desprecio por las libertades de expresión, reunión y asociación de cada cubano siguen siendo la marca inalterable del régimen.En lo personal, hubiera preferido una visita menos pastoral y más política de parte del Papa, que insistiese por más libertad, menos comunismo y reuniéndose, siquiera simbólicamente, con las Damas de Blanco, periodistas independientes, disidentes y oprimidos.Pero entiendo que las razones de la Iglesia apuntan a largo plazo, a cambios profundos y a jugar un papel más relevante en la vida política de Cuba, por lo que cobra sentido el llamado a la reconciliación de los cubanos, tanto a los de adentro como a los expulsados.Después de todo, la reconciliación es el mayor desafío que tendrán que afrontar todos cuando la muerte de los líderes actuales y el traspaso generacional del poder indefectiblemente desemboquen en espacios de mayor libertad.