Cuando escasean las certezas
La Nación no da señales a las provincias. Daniel Scioli hizo el revalúo rural, aunque no recibió los fondos que el kirchnerismo le prometió. Julio C. Perotti.
Escasean las certezas. La sintonía fina del modelo no ofrece transparencia. Nadie sabe bien quiénes coparticipan de las decisiones que la Presidenta exterioriza con fervor para defenderlas una y otra vez. Las puertas del Gobierno se van entornando más para quienes tratan de mostrarse con alguna independencia de criterio o construirse un futuro con prescindencia del monólogo oficial.En verdad, ya no hay espacio siquiera para aquellos que acompañaron la era fundacional del kirchnerismo, desde lo político o desde los negocios. Tampoco hay lugar en la geografía argentina para escapar de los malhumores oficiales.La mayoría de los dirigentes, y en especial los gobernadores, carecen de acceso al poder central; para ellos, es un espacio ancho y ajeno. Un círculo nada virtuoso. El esquema de funcionamiento en la Casa Rosada es sencillo: si tienen suerte, pero mucha suerte, los recibe Cristina Fernández. Los plantones suelen depender del humor o de los intereses de la jefa del Estado. Aun así, si se llega a plantear el diálogo, las cuestiones operativas son derivadas a ministros o a secretarios, quienes toman nota de alguna directiva presidencial de avanzar en la resolución del problema. Regresado el gobernador a su provincia, las llamadas telefónicas se van espaciando hasta hacerse nulas.Pasan meses hasta que el proceso vuelve a empezar, en un círculo que para el necesitado dirigente se vuelve exasperante.Miremos, una vez más, el derrotero del hasta ahora incombustible Daniel Scioli como gobernador de Buenos Aires.Virtualmente lo obligaron a un revalúo rural, que le valió el resurgir de un conflicto con el campo que, cuando se produjo allá por 2008, a Scioli nunca rozó.La medida, de un alto costo político, tenía una contraprestación: tres mil millones de pesos para salir del ahogo financiero en el que está la principal y más efervescente provincia de la Argentina.Hasta donde se sabe, ese dinero aún no llegó a poder de Scioli, al que además verduguean en lo político tanto como a los K les da la imaginación. O sea: promesa, apriete, incumplimiento, mientras corren los plazos para juntar los fondos para sueldos y medio aguinaldo.Una espiral de la que nadie puede escapar, salvo que Scioli se decida a romper lanzas y adopte una de dos medidas inconvenientes: salir a tomar deuda, algo difícil si se considera la situación de los mercados; o emitir cuasimoneda, todo un problema para el Gobierno nacional, porque instalaría de manera definitiva la sensación de crisis en el amplio cordón bonaerense. Y por casa... Revisemos Córdoba. Al parecer, José Manuel de la Sota está dispuesto a estirar la espera, aunque no puede ocultar cierta incomodidad. "Está preocupadísimo", sostuvo un ejecutivo que fue invitado a compartir un café en el remodelado despacho del Centro Cívico, a la vera del río Suquía.Su nuevo punto de contacto en la Casa Rosada era, según se acordó meses atrás, el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.Sin embargo, alguna falla debe haber en los celulares del funcionario nacional, porque los contactos no se habrían concretado.A la espera de una mínima señal, De la Sota dejó en un cajón, por ahora, la decisión de ir hasta la Corte Suprema de Justicia para reclamar que la Nación pague sus compromisos con Córdoba.Claro que esta senda judicial no podría ser rápida: como se trata de una ejecución de sentencia, en el Gobierno provincial especulan que la Nación va a apelar y la Corte se verá obligada a abrir un período de prueba. Esto terminaría trasladando la posibilidad de un arreglo a demasiado tiempo vista. Hipótesis, sólo hipótesis. Frente a un contexto nacional que, mal que le pese a la gestión cristinista, es preocupante, parecen abrirse dos escenarios: Que CFK zafe y sea De la Sota quien se vea obligado a buscar un acuerdo político para 2013, cuando todos encararán –elecciones parlamentarias mediante– la recta final hacia 2015. Que el Gobierno nacional se agriete. Y esto abre, a su vez, otros dos planos: que CFK deba negociar con el peronismo (una hipótesis difícil de sostener, si se consideran sus movimientos hasta ahora) o se arme un frente interno capaz de resistir al cristinismo (otra hipótesis poco probable). Pato o gallareta, lo que venga, De la Sota parece decidido a correr el arco hasta fin de año.–¿Aguantan los números? –se le preguntó a un ministro.–Podemos llegar a una economía de guerra, pero seguimos confiando en un arreglo –admitió.La única certidumbre que comparten De la Sota y todos sus funcionarios es que en el horizonte no se ve venir un centavo de la Nación.Quizá si Buenos Aires se sale de madre y Scioli se ve obligado a amenazar con lanzar bonos a la calle, Cristina deba revisar sus relaciones con las provincias.De lo contrario, todo seguirá más o menos igual, salvo el internismo que parece invadir lo más profundo del gabinete. Allí, las últimas movidas dejan fuera de juego a hombres que, como Julio De Vido o el asesor Juan Carlos "Chueco" Mazzón, llegaron junto a Néstor Kirchner y fueron el tejido de contención para muchos referentes provenientes de distintas vertientes del peronismo.En medio del cepo cambiario y un incipiente (casi inaudible) ruido de cacerolas, la cuestión es saber hasta dónde Cristina tensará la cuerda con las provincias y cómo esto decantará en los municipios, también necesitados de fondos para enfrentar urgencias salariales.Los intendentes radicales aseguran que una cincuentena de municipios no podrá pagar el aguinaldo. La caída de los recursos los está ahogando, aunque el Gobierno provincial les achaca desmanejos en sus gastos e imprevisión, por lo cual no les promete una ayudita extra. Seamos claros: la Provincia no quiere, pero tampoco puede. Quedó dicho: si algo escasea en este país, además de los pesos y los dólares, son las certezas.

