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Crónicas sobre un largo encierro

No hago nada. No hacer nada es maravilloso. Pero no. No es para tanto. ¿O sí?

22 de abril de 2020 a las 12:08 a. m.
Nelva Manera*
Crónicas sobre un largo encierro

Tras 15 días de cuarentena plena, cuatro de inquietud discreta, dos de histeria controlada y uno de locura total, decidí dar un paseo. Me puse jeans, zapatillas y hasta me animé a estrenar la remera que me había comprado para ese viaje que no haré por mucho tiempo. Me miré al espejo y me reconocí. Casi. Bajé los dos pisos hasta la cochera. Subí al auto. Lo puse en marcha.

Me ajusté el cinturón y aspiré un olor a encierro tan perturbador que ahí nomás apagué el motor y me volví al departamento, emocionada al reconocer que mi auto también me había extrañado.

Subversión

No hago nada. No hacer nada es maravilloso. Pero no. No es para tanto. ¿O sí? Hace un rato, me parecía que era lo más hermoso del mundo y ahora, cinco minutos después, me arrepiento.

Lo que pasa es que mis pensamientos se empujan unos a otros, y mientras algunos caen en el olvido otros se retuercen para pasar al frente, en una competencia desleal que pretende encontrar un sentido a la existencia en plena pandemia.

No hacer nada es subversivo. Sólo que ese estado me permitió descubrir las insospechadas dimensiones de una gripe, según Clarice Lispector, una de las mayores escritoras brasileñas, mi autora favorita. La gripe es una de las tristezas orgánicas más irrecuperables mientras dura.

Es la experiencia de una catástrofe inútil.

Es un lamento cobarde.

Microrrelato

Mi vecino, el señor L., parece ser un tipo interesante. Menos cuando abre la boca, porque jamás lo escuché decir algo interesante. Hasta su “buenos días” es insípido.

Hace unas mañanas me lo crucé en el ascensor. Me dijo: “Buenos días, señora, estoy por salir a hacer las compras al supermercado. ¿Necesita algo?”.

Desde ese preciso momento, dejó de ser ese señor que nunca decía cosas interesantes.

Hay días y días

Hace poco, el día se me vino encima. Lo vi venir, pero jamás pensé que podía ser tan brutal. Escandaloso. Primero tiró abajo la biblioteca; después siguió con la mesa del living, para terminar en el piso recién encerado.

Un verdadero desastre. Las horas, minutos y segundos tirados en el suelo parecían partículas de un tiempo muerto de miedo. Intenté retener ese instante, que parecía único para mí, pero se desintegró cuando quise tocarlo.

Al parecer, era un instante muy especial, de esos que difícilmente se repitan. Como tantos otros en mi vida. Me consolé atrapando una media hora que había quedado atascada bajo la puerta del living. Una nunca sabe cuándo la va a necesitar.

Entrelíneas

Por estos días de obligada cuarentena por el Covid-19, dos hombres solicitaron ser detenidos por la Justicia de Córdoba para no cometer delito en sus hogares. Tal la crónica periodística. Tenían miedo de “cometer una desgracia”.

¿Valentía o desesperación? O las dos cosas. Porque esos dos tipos son algo más que una noticia. Son una expresión del deseo de ser otro, de transformarse en ese otro alguien que quiere ser distinto del alguien que era. Como volver a nacer de un mismo cuerpo maltratado y maltratador.

Son pocos. Pero son.

Y su miedo tenía el tamaño exacto. Lispector. De nuevo.

*Periodista, escritora