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Cristina, frente al complejo ADN del peronismo

A la Presidenta le sobran votos; ejerce el Gobierno con mano firme y distintos factores de poder comienzan a alinearse con su proyecto. Fernando Micca.

08 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Cristina, frente al complejo ADN del peronismo

La presidenta Cristina Fernández profundizó su estrategia de promover a dirigentes y militantes de indudable profesión de fe kirchnerista, en desmedro de otros sectores del peronismo. Y el mes pasado salió airosa de las urnas. No es poco, aunque sigue pendiente el desafío de masificar la militancia, armar estructuras y potenciar a dirigentes propios, en un partido en el cual siguen pisando fuerte numerosos caudillos políticos y sindicales de pensamiento más conservador. Durante su mandato, a partir de 2003, Néstor Kirchner intentó una renovación, con el libreto de la "transversalidad". Tomó distancia de la dirigencia tradicional del Partido Justicialista, incluidos los intendentes del conurbano y el ala sindical. Se imaginó al frente de un movimiento superador de las viejas estructuras. El intento no duró mucho: Kirchner comprendió que le esperaba un esfuerzo enorme, sin resultado seguro, y prefirió recostarse sobre su poderoso partido. La renovación podía esperar. En cambio, Cristina Fernández comenzó, durante el último año de gestión, a recorrer el camino con el que su esposo sólo había amagado. El punto más alto lo alcanzó cuando digitó las listas legislativas del PJ en casi todo el país, relegando a dirigentes con historia, para promover a incondicionales, en especial jóvenes y de La Cámpora. El triunfo en las urnas no lo es todo, aunque es mucho. La Presidenta disciplina desde su poder, que brilla por su casi segura reelección. Pero hacia adentro del justicialismo, su liderazgo no es tan natural ni tan fuerte. Lo que está afuera. Varios gobernadores y caudillos provinciales siguen manejando estructuras poderosas y no responden directamente a la Presidenta. Los cordobeses José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti son un ejemplo elocuente. Ellos negocian, pero no son incondicionales. La dirigencia sindical también expresó criterios propios, que maneja de acuerdo con sus intereses, en especial luego de haber sido relegada en las listas legislativas. No se trata sólo de Hugo Moyano: en general, el gremialismo no se encolumna en forma total detrás del proyecto kirchnerista.Por contrapartida, las corrientes ultra K, con La Cámpora a la cabeza, tienen escaso desarrollo territorial, pocos dirigentes reconocidos y una militancia más limitada de lo que dice el relato oficial. Incluso, la inserción del kirchnerismo en las estructuras partidarias es baja en varios distritos. En la provincia de Buenos Aires y a nivel nacional, esa participación es más elevada, en parte a través de aliados que tienen juego propio.Ése es el punto en cuestión. A la Presidenta le sobran votos, ejerce el Gobierno con mano firme y distintos factores de poder comienzan a alinearse en su proyecto, como lo sugirió días atrás la Unión Industrial. Pero hacia adentro del PJ, la realidad es distinta, porque el partido está lejos de tener un ADN kirchnerista. Potenciar su liderazgo y ejercerlo de manera natural –sin necesidad imperiosa de la chequera– es el desafío de la Presidenta para proyectar el modelo por otros cuatro años.