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Cristianismo y diálogo 
con los no creyentes

El diálogo exige prudencia (madre de las virtudes morales) y paciencia, en un ambiente que esté libre de presiones. Toda coacción lo perturba. Carlos A. Rezzónico.

07 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos A. Rezzónico (Médico)
Cristianismo y diálogo 
con los no creyentes

Puede decirse mucho en teoría sobre la manera de conducirse en el diálogo, en particular cuando en éste se involucran cuestiones que hacen al fondo de nuestras convicciones, sean de naturaleza política, filosófica o religiosa. Desde el punto de vista de la alteridad, el diálogo es un instrumento para estar en relación con el "otro". Martin Buber nos enseñó a reconocer al otro, a ser capaces de asumir que nuestra existencia está vinculada con otras personas distintas, lo cual permite que podamos crecer viviendo auténticas relaciones humanas. Según expresiones del cardenal Estanislao Karlic, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, "el diálogo es un encuentro de personas en cuanto tales y debe estar sostenido por la verdad del hombre. Todo hombre está llamado a establecer con los demás una relación de fraternidad, en virtud de su dignidad, de su igualdad y de su esencial condición social" (Karlic, Estanislao E., en Diálogo interreligioso , conferencia por el 10° aniversario del Instituto Cultural Argentino-Israelí, Córdoba, 29 de mayo de 1997). Escuchar y entender. En el diálogo, hay que estar dispuestos a escuchar y, aun más, tratar de ponemos en el lugar del otro para entenderlo. Las razones que nos dé pueden hacer más claras nuestras mismas razones. Si quisiéramos poner las condiciones para el diálogo, sin duda que la verdad tiene primacía sobre todas las demás. El espíritu humano busca en toda cuestión la verdad y está inquieto hasta encontrarla. El compromiso con la verdad hace fecundo el diálogo y permite correr el velo que oculta la realidad de las cosas. El diálogo supone el respeto del otro y de sus convicciones aun cuando haya discrepancias profundas. Al respecto, sirve de ejemplo el debate entre el entonces cardenal Joseph Ratzinger y el filósofo Jürgen Habermas o el que mantuvieron el cardenal Carlo María Martini y el filósofo Umberto Eco en el conocido libro ¿En qué creen los que no creen? Marcos Aguinis y monseñor Justo Laguna sostuvieron respetuosamente sus puntos de vista en el libro Diálogos sobre Argentina y el fin del milenio . Diálogo y crítica. Hay una diferencia entre el diálogo y la crítica, sobre todo cuando ésta es incisiva, descarnada y aun ofensiva. La crítica que se constituye en ofensa o es agresiva es la contracara del diálogo. Criticar para provocar no construye puentes entre los hombres y aleja de la comprensión del otro. Una crítica que ofende no es sana crítica, sino agresión y produce un efecto opuesto al diálogo. Los conocidos libros del escritor José Saramago El Evangelio según Jesucristo y Caín despiertan una reacción negativa porque hieren los sentimientos íntimos de todos los cristianos, sean tanto los que tienen una fe madura como las personas que profesan sus creencias con sencillez y naturalidad; quizá para estos últimos, los humildes y menos ilustrados, el daño del escándalo sea mayor. La maduración en la fe no se obtiene por reacción, sino por un camino de oración y reflexión con el auxilio de la gracia. El diálogo exige prudencia (madre de las virtudes morales, auriga virtutum ) y paciencia, en un ambiente libre de presiones. Toda circunstancia que signifique coacción perturba el diálogo. Asimismo, si no hay libertad no hay posibilidad de dialogar. Hemos nacido para ser libres y esa vocación de libertad obliga a superar egoísmos, mezquindades y mala intención. Quien dialoga abre su espíritu para recibir todo aquello que hace al bien común de las personas. Supone, pues, obrar con recta intención, desechando argumentos que confunden o desvían de las cuestiones de fondo. En el diálogo, debe existir autenticidad de los participantes.Se es auténtico cuando se vive de acuerdo con sus convicciones y se actúa como se piensa. De esta manera, llega a ser como un espejo del alma.El diálogo es también un medio de reconciliación que facilita un acercamiento entre quienes se sintieron agredidos o discriminados. Por esto sirve a la paz. Diálogo y reconciliación conducen a la paz cuando posturas opuestas y aun ríspidas separan a personas, comunidades o pueblos. Vale recordar otro párrafo de la conferencia del cardenal Karlic: "Las distancias que se puedan crear por las diferencias de ideas y de afectos no anulan el destino de fraternidad que tiene todo hombre, aunque la tarea sea difícil".El papa Benedicto XVI, en su última encíclica "Caritas in Veritate" ("Caridad en la Verdad"), recuerda la misión de fraternidad y solidaridad de todos los hombres (número 34). Por tanto, cuando se afirma la hermandad de todo el género humano, es un llamado a todos los hombres y a cada uno de nosotros. Para los creyentes, porque somos hijos de un único Dios; para los que no creen, es una apelación a sus conciencias.