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La crisis que puede transformar una región

Independizado en forma total del Reino Unido en 1936, Egipto es el 15º del mundo y el primero de los árabes en cuanto a su población. Federico Zapata.

04 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Federico Zapata*
La crisis que puede transformar una región

¿Cuál es el futuro de Egipto? ¿Cuáles son los escenarios posibles y cuáles son sus implicancias geopolíticas?Éstas son posibles respuestas a esas preguntas:

El primer escenario que debe considerarse es el de continuidad del régimen, es decir, del "partido militar". Todo parece indicar que en ese caso –aun sin Hosni Mubarak– la situación se estabilizaría. Estaríamos, entonces, ante la normalización del esquema de sucesión, una transición a favor del vicepresidente Omar Suleiman o alguno de los coroneles. Bajo este escenario, no se provocarían alteraciones geopolíticas sustantivas, como es la continuidad de la alianza forjada con Estados Unidos e Israel, cristalizada en los históricos Acuerdos de Camp David (1978), por los cuales Egipto se transformó en el primer Estado árabe en reconocer y firmar la paz con Israel.

Escenario dos. El régimen sucumbe y se abre un proceso eleccionario, en el cual Mohamed el Baradei u otro referente del lobby democrático-liberal pone fin al modelo estatista fundado por Gamal Abdel Nasser. El lobby democrático centra sus preocupaciones en una agenda de reformas domésticas, por lo que tampoco es de esperar que altere la política exterior de Egipto ni los Acuerdos de Camp David. Más aun, en esencia se trata de un lobby prooccidental.

Escenario tres. Se acentúa la islamización de la política en Egipto. En este escenario, el proceso eleccionario favorecería a la organización Hermanos Musulmanes (también llamada Hermandad Musulmana), en lugar del lobby democrático-liberal.

De todos los escenarios posibles, es el que más repercusiones tendría en términos de política internacional. Para Estados Unidos, un Egipto islámico sería ciertamente una catástrofe. Egipto ha sido, a partir de la administración de Anwar el Sadat, el centro de gravedad de la política norteamericana hacia el mundo árabe: desde el 11 de septiembre de 2001, el rol de la inteligencia de Egipto ha sido fundamental en la capacidad de Estados Unidos para debilitar a Al Qaeda.

Israel sería, en cambio, el gran perdedor. La estrategia de seguridad nacional de Israel descansa sobre el tratado de paz con Egipto, que en la práctica garantiza la desmilitarización de la península de Sinaí y la protección de la frontera sur.

A lo largo de su historia, Israel peleó tres guerras en las cuales su existencia estuvo en juego (1948, 1967, 1973). En las tres, la amenaza principal provino de Egipto. Después de los Acuerdos de Paz de Camp David, con excepción de la “teórica” amenaza nuclear de Irán, ninguna guerra o coalición de estados ha supuesto una amenaza grave a la existencia de Israel. En todos esos conflictos (1982 y 2006 en El Líbano) han estado en juego intereses de Israel, pero nunca su existencia como Estado. Un Egipto islámico puede ciertamente transformar esa dinámica y producir un impacto profundo en Medio Oriente.

En síntesis y en términos geopolíticos, la crisis de Egipto puede significar poco o nada (escenarios uno y dos) o transformarse en un acontecimiento de repercusiones trascendentales (escenario tres).

La dinámica de las fuerzas internas seguramente terminará por definir los límites y alcances de esta nueva revuelta de la calle.

*Máster en Estudios Internacionales; docente universitario