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Crecimiento con inequidad, expectativas con carencias

Crecimiento económico continuo, cierta distribución de la renta que igualmente no alcanza y baja calidad institucional constituyen un cóctel de virtudes y defectos del gobierno de Cristina Fernández.Fernando Micca.

10 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Crecimiento con inequidad, expectativas con carencias

Crecimiento económico continuo, cierta distribución de la renta que igualmente no alcanza y baja calidad institucional constituyen un cóctel de virtudes y defectos del gobierno de Cristina Fernández. En los extremos, unos aplauden y otros descalifican. En el medio, tantos argentinos esbozan coincidencias y discrepancias parciales. La economía no recibe mayores críticas del ciudadano medio, que tiene una sensación de progreso. Ocho años de crecimiento continuo son un dato elocuente. No sólo se trata de los fabulosos ingresos por las exportaciones agropecuarias. Un dato de los últimos días: la fabricación de autos subió 22,5 por ciento y la proyección indica que se fabricarán más de 800 mil unidades en 2011. Será récord. Otro dato, menos coyuntural: desde 2003, se crearon 140 mil pequeñas y medianas empresas (Pyme). El sector tiene el 70 por ciento de los empleos y representa el 15 por ciento de las exportaciones industriales. Para este resurgimiento, influyó una mayor facilidad para el acceso al crédito, dicen en el oficialismo. Buenas y malas. ¿Cuánto de este panorama optimista se traslada a lo social? Sólo una parte. Munido de recursos, el Gobierno dispuso la asignación por hijo, incrementó las jubilaciones, incorporó dos millones de jubilados con aportes parciales y generó nuevos empleos, que el relato oficial fija en cinco millones. Pero no alcanza y la carencia se nota. La pobreza se redujo desde 2001 pero, según numerosos estudios privados, se estancó en un 30 por ciento. El trabajo informal supera el 38 por ciento. Se acrecentó la distancia entre los que más ganan y los que menos ganan y la inflación golpea a los más pobres. Es cierto que el núcleo duro de la pobreza es muy difícil de combatir en el corto plazo, porque se vincula con la falta de especialización de quienes no tienen cómo insertarse en el mercado laboral; el Gobierno no puede hacer milagros; pero no quita que las necesidades y la falta de respuestas están a la vista. Lo institucional. El menosprecio por las formas –reflejado en una excesiva discrecionalidad que lleva a grandes errores políticos–, desluce al Gobierno. Entregar más de 800 millones de pesos a entidades no gubernamentales afines, como las Madres de Plaza de Mayo o Tupac Amaru (de Milagro Sala) para que construyan viviendas, en lugar de transferir esos recursos a las provincias siguiendo la lógica de acción del Estado, es cuestionable y tiene sus riesgos. El escándalo Madres-Schoklender exime de comentarios, más allá de las luchas de Hebe de Bonafini. La discrecionalidad en la distribución de fondos ajenos a la coparticipación también inquieta. Gobernadores e intendentes afines reciben enorme ayuda mientras otros –como los de Córdoba y, en especial, Santa Fe– se quedan con migajas. Pueden añadirse carencias de gestión. La tensión que desencadenó en toma de tierras en Jujuy no es nueva sino una suma de frustraciones que desembocó en un conflicto con cuatro muertos. El ejemplo no termina en la provincia del norte y muestra una realidad que se opone al progreso y a las conquistas que el Gobierno facilitó. Son las caras contradictorias de la Argentina de hoy.