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Convicciones

Debemos asumir que un gobierno que convoca a la unidad expresa fortaleza. Débiles fueron, hasta ahora, los que se imaginaron dueños de la verdad.

19 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Julio Bárbaro*
Convicciones

Hay muchos kirchneristas que jamás hicieron una denuncia contra un gobierno que transitaba una corrupción inocultable, y de pronto salen a denunciar a Mauricio Macri. Es una manera de definir su pertenencia ideológica acompañada de su decadencia moral. Una historia larga de agachadas y silencios que llevó a la izquierda a su desaparición en el mundo, a la caída inexorable de todos los países donde imperó.El capitalismo hizo estragos económicos, pero siempre mantuvo viva la libertad y la crítica. La izquierda arrastra ese karma de ocultar sus debilidades, de negarse a la autocrítica.Joaquín Morales Solá sintetizó una época en una frase: "José López no logró enterrar los dólares, pero enterró al kirchnerismo".Ya las defensas de sus más fanáticos seguidores suenan vacías, sin el menor sentido. Aquellos que hace unos meses daban miedo terminaron su vigencia con gestos y con palabras que sólo generan lástima o bronca.La corrupción era la marca esencial de ese proyecto de poder que fue el kirchnerismo: el progresismo, los derechos humanos y la justicia social fueron simples decorados de una ambición desmedida.Para el peronismo y para la izquierda, el kirchnerismo fue nefasto. Nos colocó en un lugar tan oscuro y en una corrupción tan obscena que estamos al borde de la misma desaparición.Cuando tanto me increpaban para que votara a Daniel Scioli, les pude responder que prefiero una democracia con la que tengo diferencias en política a un autoritarismo que nos considera enemigos. Para el peronismo, el kirchnerismo tuvo doble virus: lo despreció como idea y lo degradó como historia.Y el progresismo real, ese que hacía pie en el socialismo de Santa Fe, ese también quedó tecleando como propuesta, por no lograr instalar un candidato común a todos los sectores.Uruguay y Chile fueron capaces de constituir frentes de centroizquierda que integran y armonizan distintas corrientes. Nosotros somos más limitados para integrar procedencias. El radicalismo y el peronismo se van achicando, sin que algunas de sus partes sean capaces de engendrar un nuevo proyecto.

Viejas antinomias

Ahora, de pronto, salen a pegarles al peronismo y al Papa, recuperan el pensamiento superficial de Loris Zanatta, un italiano que repite los lugares comunes del eterno antiperonismo nacional. Hablan de “la nación católica”, inventan la teoría de la confrontación entre la Iglesia y el Estado.

Macri es liberal. Se me ocurre que su desafío es sacarnos de la crisis económica y no salir a enfrentar a los peronistas y a los creyentes. Los amantes del mercado, el consumo y el más puro individualismo no pueden soñar en llegar tan lejos.

El primero en proponer esta guerra fue Jaime Durán Barba, talentoso personaje que debería devolverle a la expresidenta la mitad de sus salarios. No olvidemos que si no era por los errores de Cristina, Daniel Scioli ganaba tranquilo.

Cuando hubo que enfrentar a Néstor Kirchner, Jorge Bergoglio fue una figura clave. Hasta lo rentaron al revolucionario Horacio Verbitsky para que escribiera un libro en su contra.

La Iglesia fue clave en el voto opositor a Aníbal Fernández. Ahora parece que el Papa es kirchnerista, la amnesia convertida en teoría del poder. Y el absurdo de elegir siempre la confrontación. Raanan Rein, de la Universidad de Tel Aviv, escribió un libro, Los muchachos peronistas judíos , en el que demuestra la excelente relación entre Juan Perón y la comunidad judía.

Loris Zanatta, de la Universidad de Bolonia, escribió repeticiones de viejas confrontaciones que deberíamos dar por superadas. El libro que servía para pacificar los ánimos no fue tenido en cuenta; la provocación de Zanatta fue considerada trascendente.

Necesitamos salir de los conflictos, no volver a ellos de la peor manera. No necesitamos un italiano que diga que Perón era fascista y el Papa, populista. Tuvimos una caterva de gorilas propios. Y el italiano lo dice porque, mentalidad de colonizador, no imagina que tengamos enfermedades de cepa distinta a los virus de ellos.

Entre un pensador que nos ayuda a pacificar y otro que nos devuelve a guerras vencidas, entre ambos elegimos al peor. Soy católico y peronista, voté a Macri, no se me ocurrió que alguien iba a intentar estas guerras en su nombre.

Si es hora de sacar los odios, yo desentierro los míos. Imagino que todo fue un error pasajero. Con los problemas que tenemos, nos sobra; de los inventados, debemos olvidarnos.

Y debemos asumir que un gobierno que convoca a la unidad expresa fortaleza. Débiles fueron, hasta ahora, los que se imaginaron dueños de la verdad. Pacificar es el único camino hacia un mejor futuro.

* Politólogo.