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En contra del pensamiento único

En la Argentina ha resurgido con fuerza el debate entre los intelectuales, que hace recordar a aquellos que tuvieron lugar en la década de 1930. Julio César Moreno.

14 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
Julio César Moreno (Periodista)
En contra del pensamiento único

Antonio Gramsci fue uno de los pensadores de la primera mitad del siglo pasado que hizo reflexiones muy profundas sobre el papel de los intelectuales en la vida política. Notas sobre Maquiavelo o Los intelectuales y la organización de la cultura , dos de los ensayos más importantes del filósofo y político italiano, se han convertido en clásicos sobre el tema. Hay muchos otros antecedentes históricos, como el de la Revolución Francesa de 1789, que fue precedida por la obra monumental de la Enciclopedia, en la que descollaron los grandes filósofos de la época. Pero ya entonces había grandes debates.No había "pensamiento único", sino una gran diversidad de opiniones, doctrinas y propuestas, que se reflejaron después en las principales corrientes que animaron a la Gran Revolución –girondinos, jacobinos y termidorianos– y dejaron un legado imperecedero a la posteridad. Liberales, socialistas y comunistas fueron herederos de la Enciclopedia y la Revolución. Y hasta el conservadurismo forma parte de esa herencia, aunque haya criticado muchos de sus postulados, confirmando que la política moderna está marcada fuertemente por los intelectuales, aunque esa influencia discurra por diferentes direcciones, a veces opuestas.En la Argentina ha resurgido con fuerza el debate entre los intelectuales, que hace recordar a aquellos que tuvieron lugar en la década de 1930, durante la Guerra Civil Española o en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Podría decirse que ambas guerras se libraron no sólo en el terreno militar sino también en el ideológico, filosófico y cultural. Corrientes del pensamiento como el nacionalismo católico integrista, el liberalismo de cuño anglosajón y el marxismo (tanto su versión socialdemócrata como en la comunista) tenían una presencia muy grande en la producción bibliográfica y periodística. Críticos y orgánicos. Se suponía que los intelectuales tenían una posición crítica respecto de los partidos políticos o del poder, aunque adhirieran a sus principios u orientaciones. Pero a la par del "intelectual crítico" existía el "intelectual orgánico", este último al servicio de un partido o del Estado. Pablo Neruda fue un gran poeta y un gran intelectual, pero además un dirigente comunista de primer nivel, que llegó a escribir un poema titulado "Oda al comité central" (del Partido Comunista de la Unión Soviética, cuyo secretario era entonces nada menos que José Stalin). Y Leopoldo Lugones, uno de los más grandes poetas argentinos, escribió el opúsculo La hora de la espada , que preanunciaba el golpe cívico militar de 1930, que en una breve y primera fase se enroló con el nacionalismo integrista, pero que después volcó decididamente al liberalismo conservador.Hoy, el debate entre los intelectuales argentinos gira en torno a la adhesión o la oposición al kirchnerismo. El grupo Carta Abierta adhiere al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y recientemente se ha constituido el grupo Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico, formado por intelectuales que se oponen al relato único y hegemónico que impulsa el Gobierno nacional. Pero ambos grupos no son totalmente homogéneos y puede haber disidencia entre sus miembros, como ha ocurrido en Carta Abierta. Y en todos los casos el debate resulta necesario y saludable desde el punto de vista republicano, porque de lo contrario se corre el riesgo de caer en las redes del pensamiento único.