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Consolidar la democracia con la verdad

La democracia numérica debería ser a la vez “democracia moral”, compuesta no sólo de quienes quieren ser muchos, sino también más “buenos”. Pedro Torres.

16 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Pedro Torres (Sacerdote católico; miembro del Comipaz)
Consolidar la democracia con la verdad

"La sociedad es una gran familia que necesita que la verdad sea la base de toda relación humana. Sobre la verdad se debe edificar siempre, para que sea perdurable y exitosa". Con estas palabras concluía su columna de opinión el martes pasado el pastor Daniel Annone, en la que –con tono incisivo– nos llamaba a descubrir cómo se ha devaluado la palabra con la mentira, la que denigra al ser humano y rompe la confianza.En efecto, para romper la cerrazón del yo al tú y crear comunidad, necesitamos de la palabra que sea, a un mismo tiempo, instrumento de verdad y de amor. Toda palabra que no nace del amor y no sirve a la verdad y al amor, termina por romper el vínculo de la comunidad. En este sentido, traicionar la verdad no es tan sólo decir en tono de advertencia una cosa distinta de la que se piensa; lo es también servirse de verdades para faltar a la caridad o aprovecharse de verdades parciales como arma de nuestro egoísmo.En tiempos electorales, de propuestas, confrontaciones y votaciones, mientras se buscan instrumentos para su mayor transparencia, escuchamos hablar de "campañas sucias", de "difamación", "calumnia" o de desconfianza en las promesas que se realizan para el futuro de la sociedad. Democracia adulta. Algunos pensadores afirman que las democracias, al tener una dimensión en la que rige la ley del número (gobierna el más votado, aunque sea por un voto), cuando no están consolidadas, son víctimas de los demagogos que recurren al voto del miedo ("habrá caos electoral si mi partido no triunfa por amplio margen", suelen decir). Necesitamos una democracia vivida con adultez; aumentar el control popular para que pueda reducir las actitudes manipuladoras. Una cultura democrática adulta es la que propicia un voto limpio y después un permanente control institucional activo; no es sólo electiva: es real y de cada día; es capaz de cuidar que el poder no corrompa y, aun más, que el poder absoluto no corrompa absolutamente. Una cultura democrática adulta valora la colaboración y también la oposición, y no sólo partidaria sino la de las organizaciones intermedias y la de cada ciudadano.La democracia numérica debería ser a la vez "democracia moral". Compuesta no sólo de quienes quieren ser muchos, sino también más "buenos". Este paso requiere lucidez, y también, a su vez, educación para la libertad y la participación. Cabe destacar que además requiere paciencia; la impaciencia es la enfermedad de los totalitarios.La democracia numérica se vive como un derecho: derecho a votar. La democracia moral se vive como una responsabilidad, como deber que me impongo con alegría, como oportunidad de construir un mundo nuevo, más inclusivo, más solidario, más digno. Este año electoral nos da la oportunidad de consolidar la democracia en la medida en que pasamos de habitantes a ciudadanos.