Conferencia de prensa distinta
Hay seres terrestres que no mienten. Son más sencillos; su tiempo es puntual: no conciben el futuro, por lo que no pueden prometer ni mentir. Los habitantes de allá los llaman animales. Arnaldo Pérez Wat.
Llegado que hubieron los extraterrestres a su planeta de origen tras haber sobrevolado la Tierra, y bajados de la cápsula, lo primero que se hizo fue una conferencia de prensa en el Ministerio del Espacio.
–En efecto –contestó un astronauta–, esas hormiguitas que ustedes ven por sus telescopios, que van y vienen, son camiones. Al senderito, los terráqueos lo llaman autopista. Cuando muchos de estos se amontonan, el fenómeno es denominado “corte de ruta”. Tal cosa es factible porque todavía están en la era de la rueda, que constituye el mecanismo más común en el planeta. Casi todas sus actividades se realizan en la superficie. En un espacio tan elemental, arman un rompecabezas complejísimo. Al medir los tiempos de interrupción y reanudación de los cortes, no pudimos comprender sus motivaciones. A la distancia, nos pareció un deporte, pues se juega en varias zonas con el mismo reglamento.
Siguió otra pregunta: si los terráqueos vivían aún en tres dimensiones.
Exacto –contestó–, en teoría hay una cuarta, pero no tiene aplicación en la práctica. El universo allí es muy elemental. Queman tres o cuatro ruedas y ya las otras ruedas no pueden transitar.
–Pero si no tienen otras dimensiones, no ven el futuro...
–Usted lo ha dicho. Su concepción del tiempo es todavía lineal hacia el porvenir. Así que a los pocos seres que dicen que ven el futuro, los llaman parapsicólogos o a veces políticos. Hay que esperar en ese tiempo lineal para comprobar lo que se ha anunciado. Entonces, la mentira es una constante en todo el planeta. Ella permitió un “despotismo ilustrado” en naciones avanzadas y permite dictaduras de ignorantes.
–¿Pero no es factible el caso de un individuo inteligente que se haya dado cuenta de que no mentir resulta mucho más redituable?
–Bueno, en la zona por donde hemos andado... ocurre que si el político no miente, no es inteligente.
–¿De modo que todos los terráqueos usan la mentira?
–No todos; hay seres terrestres que no mienten, pero no contestaron nuestra preguntas. Son más sencillos; su tiempo es puntual: no conciben el futuro, por lo que no pueden prometer ni mentir. Los habitantes de allá los llaman animales.
Un incisivo legislador interrumpió con vehemencia:
–Señor ministro del Espacio, si del informe se desprende que nuestro planeta nada tiene que aprender en lo relativo a la comprensión, ¿justifica usted gastar tantos millones de dolungos en viajes a aquellas zonas?
Un astronauta, al ver que peligraba su fuente de trabajo, interrumpió:
–Con la venia del ministro, debo informar que he notado que asoma allá un principio de comprensión, porque existe una planta internacional que todos respetan. Dicha especie, se diría el símbolo de la Tierra, florece con los mismos tres colores durante el año en todas las ciudades, las de frío glacial y en las tropicales. Y todo el que pasa a su lado está obligado a dirigirle una mirada. De esa especie hemos recogido una muestra. ¡Aquí está! Y dicho esto, mostró un semáforo que había arrancado de una esquina.
Terminada la entrevista, descendía el último astronauta, casi un adolescente que simpatizó con Córdoba. Se restregaba los ojos, pues se había quedado dormido en la nave. Los periodistas se abalanzaron sobre él para confirmar la respuesta fundamental. Concretando: ¿hay vida en la Tierra? Contestó: Sí, pero los sábados por la noche, nomás.
*Periodista.

