Con o sin "guerra de monedas"
Además de preocuparse por una inminente "guerra de monedas", Argentina debe concentrarse en bajar la inflación, que le quita competitividad, en especial en la producción industrial de bienes.
Lo obvio hace innecesario hablar del fracaso de la reunión del grupo de 20 países más desarrollados (G-20), realizada en Seúl, Corea del Sur. Desde mucho antes de que los mandatarios intentaran evitar una "guerra de monedas", el gobierno de Hu Jintao había advertido que no cedería a las presiones de Estados Unidos para que China revalúe el yuan. La evidente subvaluación de la divisa china no refleja, ni siquiera de manera aproximada, el portentoso desarrollo económico del país oriental, a la vez que impulsa sus exportaciones y opera como barrera monetaria que contiene el ingreso a granel de mercancías extranjeras. La fragilidad de la economía estadounidense se explica, en buena medida, por los siderales déficits de su balanza comercial con el gigante asiático.Desde hace años, Washington presiona sobre Beijing para que revalúe, pero no modifica los hábitos de consumo de su población, principal causante de esos desequilibrios, porque la mayoría de los bienes de uso de origen chino se destina al consumo masivo. Con su decisión, China no desencadenará de inmediato una "guerra de monedas", pero incrementará las condiciones para ella. Un indicio claro en esa dirección lo dio la presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff, quien anticipó que durante su gobierno "tomará todas las medidas posibles para frenar una apreciación del real".Si se considera que la economía argentina no depende únicamente de la exportación de soja y que el intercambio con la nación vecina tiene una fortísima incidencia sobre ella, es razonable deducir que la declaración de Rousseff no puede dejar de preocupar. Las esperanzas nacionales de que una devaluación global del dólar, que en teoría suponen una apreciación del real, aumente nuestras exportaciones hacia Brasil aparecen ahora con un signo de interrogación, tras las expresiones de la mandataria electa.La valorización del real frente al peso (138 por ciento) nos permitió convertir al vecino país en uno de los principales compradores de nuestros bienes y servicios. Pero se dio en un contexto diferente del actual, complicado por nuestra inflación, que en 2011 podría alcanzar el 30 por ciento anual, lo que erosionaría aún más la agotada capacidad de concurrencia de nuestro sector externo. Con o sin "guerra de monedas".Por lo tanto, el verdadero desafío de la Argentina para enfrentar la incertidumbre internacional es acometer sin falta un plan antiinflacionario, que permita mantener la competitividad industrial, más allá de los vaivenes de los signos monetarios. Mantener un fuerte superávit comercial –se calcula que superará con holgura los 10 mil millones de dólares este año– implica una gestión oficial sin sobresaltos y más trabajo y mejores salarios. En el plano interno, es mejorar la condición de millones de pobres.

